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jueves, 8 de agosto de 2013

El sinuoso camino de Caló a la Casa Rosada

Publicado en el diario Clarín, el 23 de julio de 2012

¿Existen los ovnis y la vida extraterrestre? ¿Quiénes construyeron las pirámides de Egipto? ¿Por qué desaparecen barcos y aviones en el Triángulo de las Bermudas?
Hay muchísimos misterios insondables en el universo, pero en el mundo sindical existe uno solo, acaso el que más desorienta a los estudiosos: ¿dónde está Antonio Caló?
En la UOM esperan que su jefe vuelva hoy de sus enigmáticas vacaciones y hay más de un dirigente que quiere verle la cara: no sólo porque sigue resultado inentendible su ausencia en la semana en que el antimoyanismo logró ser recibido por la Presidenta, sino porque la versión insistente en los pasillos de ese gremio es que el líder metalúrgico estuvo internado para hacerse un “tratamiento de rejuvenecimiento”.
Si fuera cierto, algunos podrían entender el gesto de coquetería del favorito presidencial para pilotear la CGT oficialista: su rostro tendrá ahora tanta o más exposición pública que el de Hugo Moyano. Pero si fuera así, de todas formas, debería haberle informado sobre sus planes al Gobierno. Oscar Parrilli, secretario general de la Presidencia, que se encargó de reclutar el fin de semana pasado a los sindicalistas que fueron a la Casa Rosada, se extrañó de que el mandamás de la UOM no atendiera el celular y, con impaciencia, les hizo a sus colegas la pregunta del millón: “¿Dónde se metió Caló?”.
En el gremio metalúrgico hay quienes deslizan que la ausencia fue deliberada y parte de una estrategia. “¿Para qué ir a una reunión en la que iba a quedar oficializado como el candidato de Cristina, pero no se iba a anunciar nada concreto?”, susurró un dirigente. Sus colegas no sólo no entienden ese tipo de especulaciones, sino que la mesa chica del antimoyanismo había resuelto, tres horas antes de ir a la Casa de Gobierno, que no incomodarían a la Presidenta con reclamos concretos ni emplazamientos sino que sólo buscarían la foto con Cristina Kirchner y harían sus planteos de manera global.
A su regreso, Caló tendrá una semana agitada. Deberá remontar la molestia presidencial por su faltazo y el fastidio de muchos de sus colegas, que ya buscan, todavía sin resultado, un candidato alternativo para la nueva CGT. Y, por otro, deberá dar una señal inequívoca cuando el jueves presida un plenario de secretarios generales de la UOM de todo el país. ¿Qué se discutirá? Es otro misterio, pero hay quienes esperan que no aproveche el aniversario de la muerte de Eva Perón para un gesto de renunciamiento.
La Casa Rosada, aun sin Caló, se prepara para brindarles a los sindicalistas leales un puñado de razones efectivas (o en efectivo) para que sigan siendo cristinistas: partidas extrapresupuestarias para pagar las millonarias deudas del Estado con las obras sociales, fondos de la ANSeS para financiar la extensión del universo de beneficiarios de las asignaciones familiares y la convocatoria, para fines de agosto, al Consejo del Salario con el fin de aumentar el haber mínimo de 2.300 pesos. Sobre lo que no hay pistas, ni más dinero, al parecer, es para subir el mínimo no imponible de Ganancias.
El primer gesto fue la disolución de la Administración de Programas Especiales (APE), que manejaba un presupuesto de 1.100 millones de pesos anuales y era el encargado de reintegrar a las obras sociales el dinero por los tratamientos de alta complejidad. Una de las tradicionales cajas sindicales en la que, según afirman, aún había funcionarios vinculados con el moyanismo y a los que ahora se sacó de encima la ultra K Liliana Korenfeld al unificar esa estructura con la Superintendencia de Servicios de Salud.
Para universalizar las asignaciones familiares hay contactos sindicales casi a diario con Diego Bossio, titular de la ANSeS, pero para el llamado al Consejo del Salario se mantiene la gran duda: como de ese organismo tripartito participa la CGT y entre sus integrantes figura Moyano, el Gobierno se enfrenta al dilema de convocarlo igual, y darle así una tribuna ideal para su furia opositora, o disponer el aumento por decreto.
En la CGT Azopardo también hay clima deliberativo. Moyano sabe que los anuncios oficiales buscan, en el fondo, sacarle el respaldo de gremios que dudarían de quedarse en su trinchera, aislados de los favores oficiales. También lo sabe el entorno más fiel al jefe camionero, integrado por Omar Plaini, Juan Carlos Schmid, Guillermo Pereyra, Agustín Amicone y Julio Piumato. Y por eso se reunieron en secreto el jueves pasado, preocupados por el aislamiento político al que podría condenarlos el Gobierno y la misma estrategia de su líder, al que varios se animaron a cuestionar.
“No puede quedarse atrapado en críticas personales que no llevan a nada, como cuando se pelea con Aníbal Fernández, porque así va a terminar insultando a la Presidenta”, concluyeron. Y por eso le llevaron a Moyano un plan para que desarrolle un plan que le permita “mejorar su discurso”, con eje en la elaboración de lo que llaman “El documento de los 21 puntos”, una serie de propuestas concretas que “no deberían estar ausentes de la agenda nacional” y que está inspirado en el documento de 26 puntos que enarbolaba Saúl Ubaldini para embestir contra Raúl Alfonsín.
La idea es que Moyano y su gente viajen al interior para debatir las ideas de este documento con políticos, empresarios, representantes de la Iglesia y cuadros técnicos. En septiembre irían a Córdoba, luego a Neuquén y, finalmente, a la provincia de Buenos Aires.
Nada es casual: la apuesta es a que gobernadores como Daniel Scioli y José Manuel de la Sota se animen a mostrarse junto con la CGT moyanista y comiencen a delinear otra cara del peronismo. Tan rejuvenecida, quizá, como la del reaparecido Caló. 

El partido camionero y un camionero partido

Publicado en el diario Clarín, el 16 de julio de 2012
Todos quedaron contentos, aunque ninguno se llevó todo lo que quería. Si la encrucijada sindical que quedó al desnudo la semana pasada fuera sólo un juego de palabras, podría decirse que Hugo Moyano sentó las bases de su partido camionero y que sus rivales, a su vez, lograron mostrar un camionero partido. Pero eso ya no alcanza y desde ambas trincheras se espera que Cristina Kirchner brinde alguna señal.
El sindicalismo K, orgulloso de su operativo que juntó las cabezas de los principales gremios para armar una propia CGT, necesita desesperadamente que la Presidentaretribuya su gesto antimoyanista con algo. Algún anuncio de tibias medidas, una foto en la Casa Rosada, quince minutos en Olivos. Lo que sea, pero cuanto antes.
En eso trabajan los que tienen trato casi directo con Cristina Kirchner, como el metalúrgico Antonio Caló, el estatal Andrés Rodríguez y el albañil Gerardo Martínez, y los que tienen llegada a Carlos Zannini, como el mercantil Armando Cavalieri, de los “Gordos”. Saben, en definitiva, que sólo si la Casa Rosada los recibe o les brinda la onda expansiva de alguna medida a favor de los trabajadores podrán afirmar su heterogéneo frente interno, donde todos odian a Moyano, pero se miran con desconfianza. Y demostrar, sobre todo, que ser oficialista puede deparar beneficios .
Hay rumores que no ayudan, aunque sería más que eso la decisión del Gobierno de reestructurar el sistema de obras sociales y quitarles a los gremios el control de una preciada caja de 30.000 millones de pesos anuales. Al cristinismo sindical le han prometido participación en este plan, pero nadie le garantizó el manejo de los fondos. Y, para colmo, en ese tema opinan jóvenes economistas de La Cámpora, que, como bromea un dirigente, “lo más cerca que vieron a un trabajador fue en las páginas de Billiken”.
Muchos recuerdan que cuando Néstor Kirchner planificaba sus embestidas contra algunas corporaciones molestas, les advertía a los muchachos camporistas: “Ojo, con el sindicalismo no se metan”. Era la época en que él se reservaba la interlocución directa con Moyano, al que beneficiaba con todos los privilegios posibles. Y el líder camionero, pese a que compartía sólo migas de ese poder, lograba contener al sindicalismo porque todos sabían que tenía la llave de la Casa de Gobierno. Esta relación es una de las herencias maritales de las que Cristina Kirchner quiere desprenderse , pero los dirigentes sindicales más obsecuentes temen que también quiera deshacerse de ellos.
De lo que no puede desligarse Caló, el favorito de la Presidenta para liderar la CGT oficialista, es del desconcierto que provoca entre sus aliados. El martes pasado anunció que iba a ser “el titular de la CGT que votarán los gremios más importantes”, pero sus colegas casi se atragantan: de ese tema no se había hablado ni una palabra en la reunión que, pocos minutos antes, el antimoyanismo había mantenido en la UOM.
Moyano también provoca confusiones. Su abogado Héctor Recalde participó del congreso en que fue reelegido el jefe camionero, pero se fue antes del acto en el que éste amenazó a la Presidenta con repensar el voto para 2013. Los allegados al diputado kirchnerista aseguran que Recalde está cada vez más incómodo y que se tomó unos días para pensar qué hacer, aunque deslizan que “no se pasará a la oposición”.
Ese es precisamente el sector político en el que ya se ubicó Moyano. Desde la óptica sindical, quedó debilitado con una CGT raleada, que tiene sólo un puñado de gremios fuertes (además de camioneros, trabajadores rurales, bancarios y municipales porteños), muchas deserciones y la ambigüedad de algunos sindicatos, como el textil, que participaron del congreso, pero que no quisieron formar parte de la conducción.
El plan para transformar a Moyano en el Lula argentino ya está en marcha . Por un lado, imagina una CGT que se meta en temas extra sindicales (no fue casual la mención sobre la inseguridad en su discurso de Ferro) y, por otro, comenzará a armar una estructura política para tener presencia en las elecciones del año próximo. Ya no confía en que Daniel Scioli se decida a saltar el cerco oficialista para ponerse al frente del peronismo disidente y por eso, aseguran, no descarta abrir el juego mediante contactos con Mauricio Macri y con el socialista Hermes Binner. Incluso, con la mira puesta en el peronismo tradicional y en la clase media, organizaría un acto para conmemorar, en noviembre, los 40 años del abrazo entre Juan Perón y Ricardo Balbín, el gran símbolo de conciliación al que se suele contraponer con el ánimo intolerante del mundo K.
Moyano y Macri comparten gestos de armonía : el jefe de gobierno porteño justificó el último paro camionero y, hace un mes, ambos hablaron de cómo Covelia, vinculada con el líder cegetista, podría sumarse a la recolección de basura en la Capital. Pero también coinciden en los contactos con Julio Bárbaro, que se ha transformado en el gurú del peronismo disidente. Ya lo había sido para Néstor Kirchner mucho antes de que llegara a la Casa Rosada, y por eso es sugestivo que Bárbaro repita en la intimidad: “Moyano es lo más parecido a Kirchner que conocí. Néstor no tenía marcha atrás. Hugo, tampoco”.

Moyano, con los mismos rivales que Ubaldini

Publicado en el diario Clarín, el 9 de julio de 2012

El líder de la CGT advirtió que “a los dirigentes sólo pueden privarlos de su rol los trabajadores,jamás los funcionarios”. Su rival del gremio mercantil aseguró que su sector no quiere una central obrera adepta al Gobierno, sino “una CGT comprometida con el destino de la Nación y que acompañe este proceso político”.
¿Quiénes son los autores de estas frases? Parecen publicadas en los diarios de estos días, pero no les pertenecen a Hugo Moyano y Armando Cavalieri, sino a Saúl Ubaldini y Guerino Andreoni, respectivamente, y se remontan a septiembre y octubre de 1989 , en medio del conflicto que derivó en una de las últimas grandes rupturas de la CGT.
Es que el tiempo no pasa para el sindicalismo peronista. No sólo porque los dirigentes suelen permanecer largas décadas en sus gastados sillones. Esta semana se formalizará la fractura de la CGT que lidera Moyano y lo que está en danza es lo de siempre: de qué forma el viejo andamiaje gremial se relacionará con el poder de turno.
Hace 23 años, lo que estaba en juego era la resistencia de Ubaldini y de algunos gremios a alinearse incondicionalmente a un Carlos Menem que terminó entregándole el manejo de la economía a Bunge y Born. Hoy, con el telón de fondo del cuestionamiento al cerrado estilo de conducción moyanista, lo que está sobre la mesa es si la central obrera debe encolumnarse, sin fisuras, tras el liderazgo de la presidenta Cristina Kirchner.
La curiosidad, obviamente, es que este Moyano combativo es el mismo al que el matrimonio Kirchner engolosinó con muchísimo poder político y económico, y que se convirtió en disidente sólo cuando empezó a perder influencia en el círculo presidencial. Pero hay curiosas simetrías entre aquella fractura cegetista de 1989 y la actual. Por ejemplo, que la mayoría de los gremios que embiste contra el líder camionero (comercio, mecánicos, construcción, sanidad, taxistas y estatales de UPCN, entre otros) es casi la misma que lo había hecho contra Ubaldini. Y hay asimetrías , como el papel que juega la UOM. En 1989, Lorenzo Miguel se resistía a sumarse a una CGT oficialista y advertía: “La lealtad que nos enseñaron tiene que ver con el respeto a la trayectoria y no se mide si de un lado hay 40 y del otro, 70”. Hoy, su sucesor, Antonio Caló, el favorito para conducir la CGT cristinista, admite que “esto ya está partido” y prestará su gremio para que mañana, a las 11 de la mañana, se autoconvoque el antimoyanismo.
En realidad, el metalúrgico Juan Belén, secretario adjunto de la CGT, es quien estuvo invitando a la reunión a todo el consejo directivo de la central, incluido Moyano y sus aliados, apenas el Ministerio de Trabajo resolvió impugnar, el viernes pasado, el encuentro de la central obrera en que se decidió convocar al congreso del 12 de julio.
Luego de meses de idas y venidas, la cartera laboral reunió a las dos partes en una audiencia de conciliación, en la que no hubo acuerdo (pero sí una presencia fugaz, con la clara idea de mostrarse cerca de Moyano, del abogado Héctor Recalde). Apenas 48 horas después, le quitó validez al encuentro cegetista del próximo jueves.
La alianza cristinista dice tener de su lado a 16 o 17 de los miembros del consejo directivo (contando a moyanistas que darían el salto , como textiles, seguro y pasteleros), mientras que los aliados del camionero llegarían a 13 o 15. Si esas cifras se confirman, el gremialismo K se atribuiría la mayoría y llamaría a su propio congreso de la CGT.
Moyano ratificó su congreso cegetista y reasumirá en una central raquítica, a la que le faltarán muchos de los grandes sindicatos y queprocurará mayor sustento con la incorporación de 48 gremios pequeños. Apenas reelegido, tiene previsto caminar unos metros, del microestadio a la cancha de Ferro, para hablar ante cientos de manifestantes.
Dicen que Moyano ya está preparando su discurso, pero que esta vez aceptó sumar algunas ideas de sus dirigentes más fieles. Son los mismos que lograron que suspendiera su presencia en la comida mensual de una entidad que lidera Guillermo Alchouron y que lo habría reunido en una foto con lo más granado del establishment “destituyente”. “No podés juntarte con cualquiera porque te vas a quedar más solo”, le reprocharon.
El sociólogo Héctor Palomino, funcionario de la cartera laboral, considera que lo importante de la pelea sindical es que la Presidenta muestra una búsqueda de autonomía del Estado respecto de los gremios. Y que en ese camino, que desanda lo recorrido por Néstor Kirchner, no funciona el tradicional toma y daca que entiende y por el que sobrevive la corporación sindical. El retaceo de 12.000 millones de pesos de las obras sociales hasta para los gremios cristinistas, que ahora manejará con mano dura la ultra K Beatriz Liliana Korenfeld desde la Superintendencia de Servicios de Salud, demostraría que, más allá de la batalla contra Moyano, la Presidenta quiere otra relación con el gremialismo. Si es así, algunos creen que no faltará tanto tiempo para que las cinco centrales obreras que habrá en la Argentina terminen protestando juntas en la calle.

Cristina lo hizo: habrá cinco centrales obreras

Publicado en el diario Clarín, el 2 de julio de 2012

El Gobierno tiene serias dificultades para que se multipliquen el valor real del salario y los empleos genuinos, entre tantas otras, pero logrará un curioso fenómeno de multiplicación en el plano sindical: en unos 45 días habrá cinco centrales obreras .
A saber: una CGT cristinista, una CGT moyanista, una CGT barrionuevista, una CTA oficialista y una CTA disidente. Ni los más duros enemigos del gremialismo peronista soñaron con semejante atomización. Pero Cristina Kirchner lo hará posible.
En realidad, la Presidenta hará posible este cuadro de inédita fragmentación asociada involuntariamente con Hugo Moyano , ese viejo aliado convertido en su peor enemigo y al que el acto de la Plaza de Mayo, aunque fue una demostración de fuerza de la patria camionera (¿quién puede hoy movilizar 50.000 personas?), lo dejó más solo en el plano sindical y claramente orientado a darle al peronismo no kirchnerista una plataforma para que tome cuerpo una alternativa antes de las elecciones presidenciales de 2015. Algo que, si pierde la CGT, también se transforme en un salvavidas político para él.
Su lugar corre más peligro que nunca: el Ministerio de Trabajo impugnará en las próximas horas el encuentro de la CGT en el que se decidió la convocatoria al congreso del 12 de este mes para renovar autoridades.
Luego, los sindicalistas amigos del Gobierno se autoconvocarán para atribuirse la mayoría en el consejo directivo y llamar a un congreso cegetista en 45 días con el fin de elegir la nueva conducción.
Moyano cree estar seguro de que podrá resistir esa embestida kirchnerista.
Sus rivales sostienen que la reunión del 27 de marzo no tuvo el quórum necesario para tomar decisiones (18 de los 35 integrantes del consejo directivo), pero el moyanismo replicará que sólo se requieren 17 porque así lo estipula el artículo 50 del estatuto. Y dice contar con esa cantidad de firmas. Es más: el líder camionero confía en un “as en la manga” del abogado Héctor Recalde que le permitiría desbaratar la avanzada antimoyanista .
Muchos no entienden al padre de Mariano Recalde, titular de Aerolíneas Argentinas y uno de los popes de La Cámpora: asesora al enemigo más fuerte que tiene hoy Cristina Kirchner y es fiel diputado kirchnerista. “Soy leal a mis convicciones”, suele explicar Recalde en la intimidad. Pero ayer avanzó un casillero: destacó por radio que es un legislador oficialista y que “de ninguna manera entrará en contradicción” con la Presidenta.
Un día antes del acto en la Plaza de Mayo, Recalde estuvo en un acto en la Casa Rosada y la Presidenta, con picardía, le agradeció públicamente su presencia. Apenas 24 horas después, el diputado no estuvo en el palco de Moyano y sí en el recinto de la Cámara de Diputados, donde se debatieron varios proyectos de su autoría.
Todo esto abrió infinidad de suspicacias, pero allegados a ambos aseguran que Recalde informó a Moyano de todos sus movimientos y que hoy o mañana se verán las caras para analizar la estrategia legalante la impugnación ministerial e incluso decidirán presentar una denuncia por prevaricato contra el funcionario que firme la resolución.
Tampoco es fácil ser adversario de Moyano. Luis Barrionuevo, que preside la pequeña CGT Azul y Blanca, no quiere sumarse a una central oficialista , aunque tampoco acercarse a Moyano. Su rechazo al Gobierno, de todas formas, lo ubicará como un aliado táctico del camionero. El dirigente gastronómico, que planifica un viaje al exterior para evitar definiciones, sigue predicando las ventajas de que la próxima CGT sea conducida por un triunvirato . La idea no les disgusta a los “Gordos” (Armando Cavalieri, Oscar Lescano y Carlos West Ocampo): además de evitar que les nazca otro Moyano, así disimularían que no tienen un candidato fuerte y con consenso.
Es que hay actitudes del metalúrgico Antonio Caló, favorito de la Casa Rosada para liderar la CGT, que hacen sospechar al sindicalismo K : se negó a que en una solicitada de una veintena de gremios antimoyanistas se aceptara la renuncia a la central obrera con que había amagado el jefe camionero. Era una chicana, pero el cacique de la UOM es uno de los que no quiere a Moyano, pero se resiste a aplastarlo sin contemplación.
A veces, Caló desorienta hasta a las personas menos indicadas : hace diez días, no contestó los insistentes llamados de la propia Cristina Kirchner a su celular para invitarlo a un encuentro secreto, en Olivos, al que concurrieron Jorge Omar Viviani, Andrés Rodríguez, Gerardo Martínez y José Luis Lingeri, y del que fueron excluidos los “Gordos”. “Me estaba haciendo unos estudios médicos”, se excusó. Dos días después, el sucesor de Lorenzo Miguel le insinuó a un grupo de metalúrgicos, con tono apesadumbrado , que prefería seguir al frente de la UOM y no saltar a la CGT.
Hablaba de la central obrera que se viene, a la que algunos dirigentes ya bautizaron como “CGT Balcarce” para diferenciarla de la moyanista, a la que comienzan a llamar “CGT Azopardo” porque mantiene la histórica sede. Por si existe algún despistado: no se trata de un homenaje a la ciudad natal de Juan Manuel Fangio sino de una clara alusión, con sorna o con crudo realismo, a la calle donde funciona el máximo poder K .

domingo, 13 de enero de 2013

Sindicalismo: perfil de Lorenzo Miguel

El hombre más fiel e infiel a sí mismo


Diario La Nación, 23 de diciembre de 1998
Una vez más, Lorenzo Miguel eligió ser tan fiel como infiel a sí mismo. Fiel, en principio, no a una compleja estrategia política ni a ningún principio ético determinado, sino a su instinto de supervivencia. E infiel, por otra parte, a sus convicciones más íntimas, aquellas a partir de las cuales la sola mención del nombre "Carlos Menem" le originan una reacción íntima parecida a un misil Tomahawk en Bagdad.
El sábado, en La Matanza, en un acto de Alberto Pierri, y anteayer, en la residencia de Olivos, el jefe de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) comenzó otro de sus operativos de acercamiento al Presidente, que, espasmódicamente, y tal como sucede desde 1989, sobreviene cada vez que las necesidades políticas o económicas de su gremio lo requieren.
En este caso, el objeto del deseo miguelista es la obra social metalúrgica, esa criatura tan imprescindible para los trabajadores del sector, a los que les brinda cobertura médica y social, como para los dirigentes sindicales: desde su constitución, en 1970, estas entidades se convirtieron en una llave maestra para el manejo de fondos multimillonarios.
Una criatura que, además, ha demostrado ser excesivamente gastadora: pese a ser una de las más numerosas del sistema, es virtualmente la más deficitaria y la que más subsidios del Gobierno ha recibido en la última década para intentar subsanar su delicada situación financiera.

EJEMPLOS MILLONARIOS

En 1991, un estudio de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL) reveló que en 1990, de un total de unos 180 millones de dólares otorgados por el Gobierno como subsidios, el 11,1 por ciento (más de 20 millones de dólares) fueron entregados a una sola obra social, la metalúrgica, que representaba apenas el 7 por ciento de todos los afiliados del sistema.
Pero se trata de apenas un ejemplo. En 1985, luego del proceso de intervención a las obras sociales, Miguel negoció con el entonces presidente Raúl Alfonsín la designación de un amigo del sindicalista, Oscar Horacio Miró, como interventor provisional de la entidad.
Desde entonces, la obra social de la UOM, siempre con su balance en rojo, recibió anualmente unos 20 millones de pesos para compensar su déficit, sin presentar balance alguno y con algunas curiosidades, como que entre sus acreedores se encuentran muchos de sus aliados y amigos.
Con Menem, la situación no se modificó, excepto por los interlocutores: paradójicamente, a Miguel le resultaba más fácil dialogar con un gobierno radical como el de Alfonsín que con uno peronista como el de Menem. Se trata de un problema netamente personal: el líder de la UOM no tiene buenos recuerdos del período 1976-1978, en el que compartió la cárcel con el actual presidente.
Por eso, muchos de sus movimiento políticos obedecieron en gran parte a la enorme desconfianza hacia Menem, cuya conducta en aquellos días carcelarios, a juicio del dirigente sindical, estaban lejos del código de honor miguelista.

FIRME JUNTO A CARLOS

Hoy, luego de que esa estrategia pendular lo había acercado al principal enemigo íntimo de Menem, Eduardo Duhalde, con vistas a los comicios de 1999, Miguel movió las piezas en un sentido contrario.
Los 100 millones de dólares que debe la obra social metalúrgica, y que requieren del auxilio gubernamental, tornan explicable (y digerible) este nuevo paso del líder sindical más indestructible del mercado (está al frente de su gremio, el más importante del sector industrial, desde el lejano 20 de marzo de 1970).
El gesto actual de Miguel se parece demasiado al de noviembre de 1990, cuando, con un perfil antimenemista, el jefe de la UOM se pasó al furioso oficialismo luego de que Menem accedió a que un metalúrgico se integrara al directorio de la Administración Nacional de Obras Sociales (Anssal), para intentar resolver desde allí el saneamiento de su obra social, que por entonces tenía una deuda de 40 millones de dólares.
Fiel e infiel a sus principios, en forma simultánea, Miguel dejó un único flanco de coherencia en sus últimos pasos: el gran gestor del operativo reencuentro con el Presidente fue su gran amigo Julio Raele (de presencia permanente en todas las negociaciones reservadas y públicas de los metalúrgicos), presidente del Instituto Cooperativo de Seguros, el mismo que maneja todas las pólizas de la UOM y de otros gremios, y que luego de conocer al sindicalista, en la década del setenta, con el paso de los años se convirtió en uno de los hombres más ricos de la Argentina. 

Sindicalismo: el declive del camionero

El fantasma del descenso contagia al moyanismo

Diario La Nación, 24 de junio de 2011

Hugo Moyano es un conocido simpatizante de Independiente, pero en estas horas seguramente se siente como si fuera un hincha de River Plate: al filo del descenso.
Del descenso político, se entiende. ¿Cómo el todopoderoso líder de la CGT, uno de los favoritos de la galaxia K, puede sufrir tanto para obtener su pretensión de pasar de los 13 legisladores de extracción sindical que existen actualmente a los 30 que, hasta hace algunas semanas, reclamaban sus hombres en voz baja?
Quizá la clave la haya dado en su momento Pablo Moyano, hijo del jefe camionero y hermano de Facundo, uno de los pocos privilegiados sindicalistas que lograría un lugar en las listas del oficialismo, aunque gracias a Daniel Scioli. "Cuando estaba Néstor Kirchner [la relación] era diferente", admitió, mientras que calificó el vínculo actual de la CGT con la Presidenta de una forma que sólo destilaba frialdad: "Es normal".
Se complementa de manera perfecta con la frase de ayer del propio Hugo Moyano, cuando le preguntaron por la presencia gremial en las listas de candidatos a legislador: "No sabemos nada. Pregúntenle a ella", dijo, aludiendo a Cristina Kirchner.
Parecen demasiado lejanas las épocas en que el peronismo le destinaba un 33% en sus nóminas a los dirigentes sindicales. En estos días, la participación en la Cámara de Diputados es cada vez menor: según la Dirección de Información Parlamentaria del Congreso Nacional, en el período 1983/1993, los legisladores de extracción obrera pasaron de 39 a 23, entre 1993 y 2003, de 23 a 17, y entre 2003 y 2011, de 17 a 13.
Lo que los muchachos de Moyano temen y no explicitan es que si apenas logran renovar las bancas de los cuatro legisladores que le responden en todo el país, será el mejor símbolo de que el poder del jefe cegetista no es el mismo que al comienzo del kirchnerismo y que el fantasma de su desplazamiento de la central obrera, con el guiño presidencial, podría ser una pesadilla tan real como la que sienten los riverplatenses hoy.

DESGASTE

¿Será Gerardo Martínez, del gremio de la construcción, el elegido por la Presidenta para renovar la CGT? En las filas de la Uocra no quieren ni hablar del tema para evitar que los tilden de conspiradores, pero en la Casa Rosada, aunque admiten que la figura de Moyano está desgastada y, sobre todo en épocas electorales, aleja los votos de la clase media, sugieren que el futuro de la CGT, y de su líder, dependerá del caudal de sufragios que obtenga la Presidenta.
Una reelección por un amplio margen permitiría meter mano en una corporación que ha resultado tan leal como problemática para el modelo K. Y la verdadera encrucijada para Moyano es, más que la pérdida de poder en sí misma, la posibilidad de que si deja de ser el favorito sindical del kirchnerismo puedan avanzar, por su propio peso o alentadas desde la misma Casa de Gobierno, algunas de las causas judiciales que podrían complicarlo a él o a su familia.
Otro clásico reducto del poder sindical, el Ministerio de Trabajo, aparece con similares interrogantes. Cerca de Moyano prácticamente descuentan que Daniel Filmus no podrá derrotar a Mauricio Macri y, de esa forma, Carlos Tomada, candidato a vicejefe de gobierno porteño, volvería a conducir la cartera laboral. Y así, se diluirían nuevamente los sueños de que la CGT consiguiera designar como ministro al abogado Héctor Recalde (cuyo mandato como diputado nacional vence recién en 2013).
En el fondo, surge el mismo temor: ¿qué sucedería si la Presidenta, con la fuerza de su reelección, reemplazara a Tomada, alguien confiable para los grandes sindicatos, por un ministro que pudiera enfrentarse, aunque sea para congraciarse con la opinión pública, a esa burocracia sindical que, con estandartes como Juan José Zanola o José Pedraza, terminó convirtiéndose en un lastre para el sueño progresista del Gobierno?
Golpear para negociar fue el lema del metalúrgico Augusto Timoteo Vandor en su relación tan estrecha con el poder, que el sindicalismo peronista siempre cumplió como una ley. El dilema de Moyano es que hoy no puede golpear sin que parezca un desafío al gobierno que lo hizo poderoso y que parece cada vez más lejos de donde se negocia el poder.

Sindicalismo: el conflicto con Moyano

¿Chocará el camionero que se alejó del camino K?

Lanacion.com, 15 de diciembre de 2011

Todos lloraron hoy por Néstor Kirchner. Al menos, lo hicieron públicamente la presidenta Cristina Kirchner, al hablar en la planta de Toyota y no poder evitar lagrimear al recordar a su marido , y también Hugo Moyano, para quien, como se desprende de su discurso en la cancha de Huracán , el ex presidente sí comprendía al peronismo, al sindicalismo, a las obras sociales y, casi, a los propios trabajadores.
Nunca nadie había desafiado así a la Presidenta. Para el universo K, Moyano pasará a convertirse en la encarnación del demonio luego de haber sido el sindicalista más protegido y beneficiado por el kirchnerismo desde 2003. No es para menos: el titular de la CGT virtualmente le declaró la guerra al Gobierno con un discurso durísimo, de cuyas consecuencias políticas podría depender hasta la propia suerte del oficialismo.
Parece exagerado, pero cuando las consecuencias de la crisis internacional amenazan con golpear a la Argentina y las respuestas del Gobierno son un recorte de los subsidios que derivará en un tarifazo y en la fijación de algún tope para los reclamos salariales que se discutirán en las paritarias desde 2012, tener en contra a la central obrera no es una buena noticia para quienes pensaron que el 54% de los votos era un escudo protector de cualquiera de los posibles males políticos, sociales y económicos.
Y el escenario de una protesta cegetista contra el Gobierno ya no es de ciencia ficción. En un contexto de bonanza económica, las incendiarias palabras de hoy de Moyano lo hubieran terminado consumiendo a él entre las llamas, pero en estas horas el líder camionero logró poner contra las cuerdas a Cristina Kirchner y, al mismo tiempo, apaciguar a sus opositores internos que pretendían desplazarlo de la central obrera para alcanzar así, casi insólitamente, la unidad sindical: "Después de escucharlo a Moyano, yo ya tengo secretario general en la CGT. Es Hugo Moyano", afirmó Luis Barrionuevo .
El conflicto entre el Gobierno y el dirigente camionero es de consecuencias imprevisibles, aunque hay algo cierto: no saldrá indemne el sindicalista en el obsecuente mundo kirchnerista luego de que este mediodía dijo algunas cosas de las que no parece tener retorno. Por ejemplo:
. Renunció a sus cargos en el PJ nacional y en el bonaerense por considerar que son "cáscaras vacías" y "faltas de peronismo".
. Cuestionó el liderazgo partidario de la Presidenta al sostener: "No tengo vocación de bufón. Por eso no puedo aceptar que otros tomen las decisiones que tienen que tomarse en el seno del justicialismo".
. Al kirchnerismo más recaltricante y a quienes esperaban que su ocaso político lo llevara a construir una suerte de partido de los trabajadores, les dio otra mala noticia: disputará el poder del propio PJ: "Vamos a reconstruir el peronismo porque es la transformación de la vida de los trabajadores", advirtió.
. Acusó al Gobierno impulsar una "megadenuncia" en contra de las obras sociales con el fin de extender un "manto de sospecha" sobre los dirigentes gremiales, y, al mismo tiempo, reclamó una deuda de entre "12 y 15 mil millones de pesos".
. Hizo otra grave denuncia contra la Casa Rosada al destacar que se subsidiaban a los casinos mientras que a los gremios les quitaron fondos "destinados a la salud de los trabajadores", y que esa plata "no se sabe a dónde va".
Respondió el discurso que dio Cristina Kirchner al asumir su segundo mandato, al advertir que "los trabajadores no extorsionan ni chantajean a nadie", y hasta le recordó que "cuando se habla del 54 por ciento que sacó la Presidenta, que tengan en cuenta que más de ese 50 por ciento es de los trabajadores". Y disparó luego contra La Cámpora: "Esos votos no son sólo de los chicos bien".
Y terminó por ponerse en la vereda de enfrente del kirchnerismo cuando, con un aire setentista, dijo: "No se confundan, el mejor gobierno de la historia, el que les dio la dignidad a los trabajadores, fue el de Juan Domingo Perón".
¿Cómo se llegó a esta situación entre la Presidenta y Moyano? Es cierto que Néstor Kirchner fue el principal sostén de esa privilegiada relación entre la Casa Rosada y el dirigente camionero. Y también, como insisten distintas fuentes políticas, que Máximo Kirchner, el hijo de Néstor y Cristina, le atribuye al líder de la CGT haberlo hecho enojar al ex presidente con algunos reclamos durante una charla telefónica la noche anterior a su muerte. Ese malestar derivó en la composición de listas a candidatos legislativos en los cuales el moyanismo quedó con poca presencia.
Desde allí, todo fue en picada en esa relación: el estilo hermético de la Presidenta, más sus señales de mayor sintonía con la UIA que con la CGT de los últimos meses, sumada a la presión que sintió Moyano por las versiones sobre su desplazamiento de la central obrera, y que adjudicó a sectores del Gobierno, terminaron de convencer al camionero de que si no pasaba a la ofensiva podía terminar sin nada, y hasta preso si es que algún guiño oficial convencía a algún juez de mover las causas judiciales que lo involucran.
Todo lo que sucede le da la razón a un sociólogo prestigioso como Juan Carlos Torre, para quien "el peronismo en el gobierno, en su condición de partido predominante, es un sistema político en sí mismo, es el oficialismo y su principal oposición".
En los años setenta, el peronismo dirimía este tipo de diferencias a los tiros. Desde hace muchos años, por suerte, suele hacerlo con plata y con cargos políticos. El problema es que ya no hay estrategias ni jurisprudencia para algo tan inesperado: Moyano es esa criatura que el kirchnerismo adoptó, alimentó y convirtió en desaforada, pero, a la manera de un Frankenstein gremial, desde hoy tiene en la mira a sus propios creadores.

Sindicalismo: análisis tras las elecciones 2011

Moyano, en un tablero en el que la Presidenta se adueñó de las piezas

Diario La Nación, 24 de octubre de 2011


Hugo Moyano no se irá de la CGT. No ahora, al menos. Ni mucho menos, empujado por sus rivales. Lo dicen algunos de sus más íntimos, pero también el sentido común: ¿de qué le sirve a Cristina Kirchner precipitar el final de un dirigente que todavía puede seguir siendo funcional al modelo y arriesgarse a una sucesión en la central obrera que hoy no está clara?
A la Presidenta sí le sirve, quizá, lo que está pasando en estas horas: que Moyano se sienta amenazado por presiones internas y que sienta temor de que se reactive alguna causa judicial en contra de él, de forma tal de que pare de brindar algunas señales desafiantes al poder K y se mantenga alineado a los planes de la Casa Rosada.
Obviamente que el aluvión de votos cristinistas de ayer se convertirá en el mejor antídoto para curar algunos aires levantiscos del dirigente camionero.
Y eso lo saben en el Gobierno, que también prefiere que alguien conocido como Moyano sea el representante sindical en el acuerdo social al que convocaría tras los comicios para definir, junto con el empresariado, medidas dirigidas a contener los precios y moderar los aumentos salariales.
Esa podría ser la primera señal de buena voluntad del oficialismo respecto de Moyano, pero no hay pistas de otra más decisiva: quién reemplazará a Carlos Tomada en el Ministerio de Trabajo. En la CGT prenden velas para que se confirme la versión de que el elegido sería Mariano Recalde, presidente de Aerolíneas Argentinas e hijo del abogado cegetista, Héctor Recalde.
Al kirchnerismo gobernante le conviene un Moyano herido políticamente, lo suficiente para tranquilizarlo, pero no tan mal herido como para que termine saltando el cerco del dispositivo kirchnerista. Esta sensación podrá enquistarse en el líder cegetista si, por ejemplo, descubriera que los actuales corcoveos de "los Gordos" y de algunos independientes cuentan con algún guiño desde la máxima altura del poder.
Los moyanistas sólo tienen alguna sospecha en ese sentido, pero la rebeldía gremial se parece más a un sondeo para medir la fortaleza del andamiaje que sostiene al dirigente camionero. Sobre todo porque todavía no están los votos suficientes para echarlo a Moyano y, además, nadie quiere quedar asociado a una conspiración, en la que tampoco el Gobierno está mostrando sus fichas: se limita a dejar hacer y observar.
Los candidatos más mencionados para suceder a Moyano ni siquiera respiran para evitar malentendidos.
Por ejemplo, Antonio Caló, el líder del gremio metalúrgico, tuvo que calmar a los jóvenes de su sindicato que, en un plenario realizado la semana pasada en Mar del Plata, empezaron a corear espontáneamente "Caló a la CGT". "Nada me importa más que seguir al frente de la UOM", los retó.
Es lógico: aparecer ahora tan cerca del decisivo sillón de Moyano es directamente proporcional a quedar lejos de él cuando se discuta en serio la herencia.
Gerardo Martínez, titular del gremio de la construcción, fue el único dirigente al que se le reconocía vocación por liderar la CGT, y que, se decía, contaba con el claro respaldo de Cristina Kirchner, pero su ascenso derrapó por una revelación: trascendió que había sido miembro civil del Batallón 601 de Inteligencia durante la última dictadura. Cerca de Martínez siguen pensando que el moyanismo tuvo algo que ver con la difusión de esos datos.
A mediados de 2012 vence el mandato de Moyano. En la Casa de Gobierno ya se analizan variantes para que deje la CGT sin el sabor agrio de una salida por la puerta de atrás. Y Moyano, ¿qué quiere? ¿Conducir la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte? ¿O encabezar su partido de los trabajadores que les permita acceder a la presidencia? Sus enemigos creen que se conformaría con no terminar preso como el bancario Juan José Zanola.
Ni siquiera los funcionarios más fieles saben qué pasa por la cabeza de la Presidenta. Por ahora, el tablero sindical es lo más parecido a un ajedrez en el que Cristina Kirchner se adueñó de todas las piezas.

sábado, 12 de enero de 2013

Sindicalismo: crece la izquierda

Investigación: el gremialismo combativo echa raíces

Suplemento Enfoques, diario La Nación, 1° de mayo de 2012


¿Qué hay de nuevo en el viejo sindicalismo? Cuando pasado mañana se conmemore otro 1° de Mayo, Día Internacional del Trabajo, los gremialistas argentinos mostrarán, como nunca, un rostro surcado por fuertes contrastes.
Por un lado, una estructura tradicional, dominada por dirigentes que llevan décadas en sus puestos, que cruje, se agrieta y sigue mostrando cómo le cuesta superar sus peores costumbres. Aunque está lleno de ejemplos, esta misma semana volvieron a quedar en evidencia algunas tradiciones lamentables asociadas con nuestro modelo sindical, como la de la violencia, con dos enfrentamientos a los tiros entre fracciones del gremio de la construcción (Uocra).
Tampoco desentona en este cuadro un proceso de "renovación" de la CGT en el que está en juego cambiar al camionero Hugo Moyano por el metalúrgico Antonio Caló, que tiene como socios a muchos dirigentes que están aferrados a sus cómodos sillones desde hace treinta años y a los que la presidenta Cristina Kirchner defenestraba hasta hace poco por haber apoyado al menemismo, como Luis Barrionuevo, Oscar Lescano, Armando Cavalieri, Rodolfo Daer y Carlos West Ocampo.
Por otro lado, nuevas camadas de dirigentes y de delegados están comenzando a consolidarse en el mapa sindical y producen transformaciones para seguir de cerca, como el de los metrodelegados del subte, que lograron conformar un sindicato propio, con reconocimiento oficial, o el de los ferroviarios de la línea Sarmiento, que se convirtieron en referentes del gremialismo combativo.
La mayoría proviene de la izquierda, que nunca pudo disputarle seriamente al peronismo el predominio en el movimiento obrero, pero los que se consolidan y tienen mayor respaldo de sus bases son precisamente los que se alejan de cierta práctica sectaria y petardista que caracterizó a algunas agrupaciones del tronco marxista-leninista-trotskista, y hoy no reniegan de aliarse con sectores peronistas, predican la unidad de la CGT, critican la atomización de los sindicatos y no atan su estrategia a la línea política de ningún partido. 
¿Llegó la hora de "la zurda loca", como bautizó el metalúrgico Juan Belén a los dirigentes de la CTA, a quienes, dijo, "manejan de afuera y a través de la Cuarta Internacional"?
Agustín Santella, investigador del Conicet y del Instituto Gino Germani, consideró que "la mayor incidencia de la izquierda o el activismo combativo es parte de la recuperación sindical y el conflicto laboral, en general debido a la mejoría en el mercado de trabajo y al contexto ideológico o político más favorable a la actividad sindical, si comparamos los años 90 con el período kirchnerista. Pero también este avance, en particular en el sector industrial, es debido a que sectores de izquierda tienen una estrategia sistemática de organizar a los trabajadores, que en condiciones sociales favorables rinde sus frutos".
Indomables
Un problema: no existen estadísticas oficiales ni privadas que acrediten el avance de sectores combativos en los sindicatos o en las comisiones internas. Pero basta salir a la calle para saber que las medidas de fuerza se multiplican en sectores clave, sobre todo en el transporte, porque allí hay cuerpos de delegados indomables.
Algunas pistas sobre este fenómeno aparecen en el relevamiento periódico de los conflictos laborales del Observatorio del Derecho Social, que depende de la CTA. En el último informe se registra un significativo porcentaje, que ronda el 13%, prácticamente estable desde 2007 hasta el año pasado, de las protestas que llevan adelante los trabajadores en el sector privado sin estar necesariamente encuadrados en un sindicato. También se midieron los conflictos llevados adelante por sindicatos o comisiones internas vinculadas con partidos de izquierda: en 2011 sumaron 47 conflictos, que representaron el 11% del total en el sector privado.
Es decir, hay una sugestiva cantidad de medidas de fuerza que fueron decididas sin ningún aval orgánico de quienes manejan los sindicatos. Es el primer indicio de que existe una brecha entre los trabajadores y las entidades que los representan.
El director de Estudios de Relaciones de Trabajo del Ministerio de Trabajo, Héctor Palomino, sostuvo que "hay mucho ruido de superficie", pero que "el conflicto base-dirección es casi constitutivo en la historia de los sindicatos en la Argentina". Admitió que "desde 2003 pudo haber recrudecido por el retiro de los sindicatos de los lugares de trabajo que se produjo en los años 90", pero dijo que, a diferencia de esos años de menemismo en que reinaba la flexibilización laboral sin mucha resistencia gremial, "ahora el sindicato importa y en el 70% de las empresas grandes hay cuerpos de delegados".
Y aquí aparece el otro elemento que ayudaría a comprender por qué avanzan los sectores sindicales menos vinculados con las conducciones tradicionales: entre 2001 y 2010 se crearon más de cuatro millones de puestos de trabajo en el país (según el Centro de Investigación y Formación de la República Argentina, Cifra).
La mayoría de esos nuevos trabajadores, según coincidieron varios expertos consultados por Enfoques, son jóvenes, hay muchas mujeres y mucha presencia de clase media. Para Palomino, fue "un cambio fenomenal en la base social del trabajo, sólo comparable históricamente con dos períodos, de 1935 a 1945, etapa de industrialización que desembocó en el peronismo, y el de los años 60".
La juventud de esos miles de nuevos trabajadores está provocando cambios de todo tipo en el mundo laboral, muchos de ellos no suficientemente medidos ni atendidos. Daniel Funes de Rioja, vicepresidente de la Unión Industrial Argentina (UIA) y presidente de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (Copal), mencionó la existencia de un "divorcio generacional", no de carácter ideológico, entre esos nuevos trabajadores y quienes manejan las estructuras gremiales. Y ejemplificó: "Cuando entre 2009 y 2011 empezaron las negociaciones salariales, pensé que iba a haber una retracción de la gente pensando en la memoria histórica de la hiperinflación. Expertos politólogos me dijeron que eso ya no existe, que no es esta generación. Es decir, el trabajador de entre 20 y 28 años no trabajaba durante la hiperinflación y, por ende, no tiene memoria histórica de eso. El primer dato, de tipo sociológico o psicológico social, es esta brecha generacional, con un lenguaje diferente, con consignas distintas y en donde, incluso, en rubros como el desarrollo de software o los call centers, todo el rito de las relaciones laborales es diferente al de una fábrica en los años 50 o 60 o 70".
Algo similar remarcó Beto Pianelli, secretario general de la Asociación Gremial de Trabajadores del Subterráneo y Premetro (AGTSyP), ex militante del MAS y una de las estrellas del nuevo sindicalismo combativo (además de la gran pesadilla de los usuarios del subte). "En una asamblea estábamos discutiendo la jubilación y yo decía que teníamos que pedir el 82% móvil, pero un laburante joven me para y me dice: ¿Por qué el 82% y no el 100%?. Y claro, pensé recién ahí, el 82% es el reclamo histórico, pero ¿por qué no el 100? No lo sé...Vamos a ver cantidad de fenómenos nuevos. Es inevitable cuando hay un proceso de crecimiento donde hay más estabilidad laboral y cuatro millones de trabajadores nuevos, que no tienen la lógica de la vieja estructura".
Frente al combo de nuevos trabajadores, jóvenes, muchos provenientes de la clase media, cuestionadores, críticos de la tradición, enemigos del verticalismo y sin tantas ataduras a las ideologías, ¿cómo responden los gremios? O, mejor dicho: ¿responden?
Osvaldo Battistini, sociólogo, profesor de la UBA e investigador del Conicet, afirmó que "más que un fenómeno de burocratización, lo que se produce es un distanciamiento muy grande entre esos trabajadores que cambiaron y la identidad tradicional de los dirigentes sindicales". "El sindicato se sostiene igual, y esto tiene que ver con la estructura legal y el aparato en sí mismo, pero -advirtió- los trabajadores cambiaron y ellos no se dieron cuenta".
Peor aún: a partir de los años noventa, los sindicatos hallaron una forma de sortear la tendencia a la desafiliación y mantener la caja: la "cuota solidaria", que se aplica en casi todas las actividades y consiste en un descuento de entre el 0,5 y el 4% del sueldo de todos los trabajadores que va a parar a las arcas del sindicato, y que suele estar complementado por aportes "solidarios" de los empresarios a las organizaciones gremiales, en general para financiar mutuales o institutos de capacitación.
En la práctica fue la mejor vía para que los gremialistas recaudaran sin importar que los trabajadores se afiliaran y aportaran al sindicato. Según Battistini, "esto incrementa la lógica del distanciamiento porque los dirigentes pueden pensar: «¿Para qué necesito a los trabajadores? ¿Cuál es la necesidad de aproximarme, convencerlos, decirles que se afilien, que militen? Al revés, no quiero que vengan. Si vienen, me complican»".
Aquí sí, como puede comprobarse, la brecha es aún más clara: trabajadores nuevos y sindicatos viejos que no los necesitan para sobrevivir (apuntalados, además, por elecciones tramposas y estatutos que desalientan todo tipo de oposición interna). Allí, en ese caldo en que se cocinan hoy las tensiones del mundo laboral, es donde la izquierda y sectores combativos independientes encuentran el mejor escenario para multiplicarse.
Pablo Micheli, titular del ala antikirchnerista de la CTA, sostuvo que "lo que crece es un modelo de dirigente, de delegado, de activista antiburocrático que reclama más participación, más pluralidad, y que se planta en defensa de las reivindicaciones de los trabajadores". Y aportó dos casos recientes de gremios en los cuales surgió una dirigencia distinta, como el del Sindicato de Empleados y Obreros del Ingenio Ledesma, donde Rafael Vargas le ganó al peronismo ortodoxo, y el nuevo sindicato docente de Catamarca, Aduca, que lidera Olga Ponce de León y que se creó luego de que, en rechazo a las negociaciones salariales, muchos docentes se desafiliaron de los gremios del sector.
No coincide con aquella visión Claudio Marín, secretario adjunto de la seccional Buenos Aires del gremio telefónico (Foetra), que proviene del trotskismo y que desde hace quince años comparte la conducción con un peronista. "No hay un fenómeno de masas, sino diez lugares donde han surgido vanguardias, pero sí hay un crecimiento del sindicalismo en general. El problema de la izquierda es que pone por encima de los objetivos generales los partidarios, y eso te hace perder los sindicatos. Nosotros tenemos un contrato sencillo con la gente, que es defenderle los porotos: salario y condiciones de trabajo".
Para Rubén "Pollo" Sobrero, otro ex militante del MAS que se convirtió en una de las caras más reconocidas del gremialismo rebelde, el crecimiento de los sindicalistas combativos "es marginal en relación con el movimiento obrero, pero cambia si tomamos en cuenta las luchas, porque la izquierda tiene un alto grado de visibilidad por los métodos que adopta y porque la conflictividad es más perceptible en los trenes o los subtes que en una fábrica de fideos".
Mayor exposición
Si es por visibilidad, algo trágico, como la muerte de Mariano Ferreyra, militante del Partido Obrero (PO), durante una manifestación de trabajadores ferroviarios tercerizados, le permitió a la izquierda poner a la burocracia de la Unión Ferroviaria bajo la lupa, con sus negocios, sus patotas y sus relaciones con el poder político. Néstor Pitrola, dirigente del PO y sindicalista gráfico, admitió: "Pegamos un salto por la lucha que dimos tras la muerte de Mariano, en la lucha de los tercerizados y, fundamentalmente, para llevarlo a la cárcel a José Pedraza. Un crimen nunca ayuda, pero se nos ha empezado a conocer más tal cual como somos".
Pitrola aseguró que "hay nuevos cuerpos de delegados en perfumistas, confiteros, textiles, gremios que tradicionalmente no han sido de izquierda". Este dirigente fue uno de los que presidieron, hace dos semanas en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, una conferencia sindical nacional a la que, según estimó, concurrieron "alrededor de 2000 delegados representativos de algo más de 120 gremios de todo el país".
Alejandro Bodart, secretario general del Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST) y diputado porteño, hizo sus propias cuentas: "Estamos en todos los niveles de conducción, con 18 provincias, integrados a las conducciones locales y en bastantes seccionales de gremios". Y advirtió que la estrategia del MST, a diferencia del "ala sectaria de la izquierda, como el PO, es profundizar "las construcciones frentistas".
Un test decisivo serán las elecciones en el Sindicato de Alimentación, conducido por Daer, que se realizarán el 10 del mes próximo. Allí, el ex líder de la CGT e integrante de "los Gordos" se enfrentará, por primera vez, a una lista unificada de la izquierda.
La sola conformación de esa nómina, de todas formas, grafica el ascenso de los delegados más duros en empresas del sector alimentario como Kraft, Pepsico, Bonafide y Felfort.
Muchos se acuerdan del virulento conflicto de Kraft, en 2009, con despidos, cortes en la Panamericana, represión policial y fuerte presencia de partidos de izquierda. Hugo Moyano, por entonces aliado al Gobierno, lo ponía de ejemplo del caos que se expandiría si el progresismo K insistía en defender la libertad sindical.
Hoy, Moyano parece contagiado del espíritu del sindicalismo combativo, y la ebullición en las bases, al calor de los nuevos trabajadores y la inacción del viejo andamiaje sindical, está lejos de la revolución, pero más cerca de consolidarse como un fenómeno aún indescifrable, tan peligroso para algunos como esperado para otros.

NORBERTO PIANELLI

SINDICATO DE SUBTES
Trayectoria : entró en la empresa Metrovías en 1994 y fue delegado a partir de 2000
Edad: 44 años
Su sueño era ser estrella de rock o jugador de fútbol. Militó en el trotskismo y hoy, en el partido de Martín Sabbatella. Integra la CTA de Hugo Yasky.
Usted fue delegado combativo y ahora tiene una responsabilidad superior al frente del gremio. ¿Cómo vive ese proceso internamente?
Ser combativo no quiere decir que no seas serio en la discusión, no es ser loco. Esta es una clave de las experiencias que fracasaron. Ser combativo es llevar adelante los intereses de la gente y saber en qué momento se puede ir hasta acá o hasta allá. Ser honesto en una discusión, audaz cuando podes serlo y conservador cuando tenés que serlo.
Es difícil que los usuarios entiendan tantas protestas que los dejan de a pie.
Hemos tenido políticas inusuales, como la apertura de molinetes. Es para compensar que algún día al pasajero lo vamos a dejar cuatro horas sin subte. Pero ¿cuánta gente lo entiende? Hacemos el discurso para doña Rosa. Yo hago el discurso para mi mamá. Si me dice: "Mmm, me parece que?", está mal.
El de ustedes es un gremio bastante raro: peleó para que los trabajadores tuvieran más tiempo libre, editan libros y discos...
Creemos que la pelea es por la cabeza. Como dice un amigo en un libro sobre la historia del PC: "Las peleas de los comunistas, los socialistas, los anarquistas, eran por el tiempo libre, no era por el lugar de trabajo". La pelea central es por la conciencia, la cabeza del trabajador. Si vos ganás muy bien, está bárbaro, pero si después que salís del trabajo te comprás un televisor cada vez más grande para ver los culos en lo de Tinelli, no lograste nada.

RUBEN SOBRERO

FERROCARRIL SARMIENTO
Trayectoria: entró a la empresa en 1995 y se mantiene como delegado desde 1997
Edad: 50 años
Su papá es peronista y su madre, radical. Militó en la JP, en el MAS y hoy, en Izquierda Socialista. Vive en un modesto departamento en Haedo.
Usted es uno de los principales exponentes del sindicalismo de izquierda, pero es muy crítico del sector.
La izquierda argentina es bastante infantil. Muchos se creen que porque dirigen una comisión interna ya son los representantes de los trabajadores en el país. Y no es así. Estamos muy lejos de eso. Algunos quieren ser más puros que el agua cristalina y esto no es una facultad ni un colegio. Acá vos disputás el corazón del PJ, tenés que tener una política seria para que los trabajadores te sigan.
La izquierda perdió el ferrocarril Roca porque fue dividida a las elecciones...
Nahuel Moreno, el dirigente que más he respetado en mi vida, siempre decía que si vas a un café y encontrás cuatro trotskistas discutiendo, seguramente pertenecían a cinco partidos distintos. Y ese es el drama que tenemos. A los militantes de izquierda se los educa para priorizar las críticas hacia el otro partido antes que unificar fuerzas contra el sistema.
¿Es un buen momento para el sindicalismo combativo?
Es un momento muy interesante en la política, momento de cambios. Por eso es muy importante no dividir el movimiento obrero, fortalecer una sola CGT, actuar dentro de los gremios, tener una política que no responda a un sector político sino a las necesidades de la clase. Y tender puentes al peronismo. Si no, vas a ser una vanguardia iluminada de cuatro tipos. Yo no estoy para eso. Quiero dirigir un sector del movimiento obrero. No estoy para tirar tiros en la calle.

Entrevista con Víctor De Gennaro

Víctor De Gennaro: "El hambre es el mayor disciplinador social"

Suplemento Enfoques, diario La Nación, 21 de noviembre de 2010

Para algunos chistosos, muchos sindicalistas argentinos son como el aloe vera: cada semana se les descubren nuevas propiedades. Pensándolo mejor, además de ser un chiste viejo, es injusto porque cubre de sospechas de corrupción a todos los líderes gremiales, cuando, en rigor, se sabe que no todos encajan exactamente en el paradigma, tan autóctono, del dirigente enriquecido que representa a trabajadores empobrecidos.
Víctor De Gennaro se escapa de las características del gremialista estándar no sólo porque sigue viviendo en la casa de siempre en Lanús, por ejemplo, sino porque rompió con otra tradición tan arraigada en el mundo sindical: no buscó su reelección perpetua, como casi todos sus colegas, al frente de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), de la que fue secretario general desde 1984 hasta 1992, ni tampoco en la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), esa competidora directa de la CGT que fundó y lideró entre 1992 y 2006 (que reivindica la autonomía respecto de cualquier partido y en la que se eligen las autoridades por el voto directo y secreto de los afiliados, que llegan a 1.400.000).
Es más: De Gennaro es tan distinto de muchos de sus colegas gremiales que se fue de las filas del peronismo en los años noventa, en rechazo al menemismo, e incluso abandonó el sindicalismo activo cuando dejó la CTA para dedicarse a una construcción política de centroizquierda, como lo está haciendo en la Constituyente Social.
No debió de haber sido fácil la decisión para este peronista genéticamente puro, que hace poco cumplió 62 años (aunque aparenta veinte años menos), con tres hijos y dos nietos, al que algunos imaginan como el "Lula argentino", rótulo que él rechaza porque, más allá de los orígenes sindicales de ambos, los procesos políticos de cada país son distintos. Aun así, De Gennaro no descarta una candidatura presidencial, pero siempre que sea el resultado de asambleas que definan "un proyecto colectivo" porque, repite, "hay que construir políticas para millones de personas".
De Gennaro está en estas horas en medio de un fuego cruzado con el docente Hugo Yasky, su sucesor al frente de la CTA desde 2006 hasta septiembre pasado, en que se hicieron los comicios para renovar autoridades. Yasky, cercano al oficialismo, perdió las elecciones por más de 15.000 votos ante el estatal Pablo Micheli, aliado a De Gennaro, aunque la situación no está definida: debería volver a votarse en algunos distritos por algunas irregularidades, pero, ante la falta de acuerdo con sus rivales, Micheli amenazó hace 48 horas con la posibilidad de que su sector deje la CTA para formar otra organización.
"Yasky pasará a la historia por su relación con el Gobierno y por ser el que originó la ruptura de la CTA", advirtió De Gennaro en la entrevista con Enfoques. "El Tano", como lo llaman muchos, también criticó duramente al "sindicalismo empresarial", en donde ubica a los dirigentes de la CGT de Hugo Moyano, cuyo poder -dijo- "no está en los afiliados, sino en los negocios".
Y criticó al kirchnerismo por imponer "un modelo económico que es un modelo de consumo para los altos ingresos y para el exterior". De todas formas, piensa que la dirigencia tradicional no lucha en serio contra la pobreza porque no le conviene al poder: "El hambre es el mayor disciplinador social que existe -afirmó-. El hambre desestructura, te obliga a sobrevivir y así no podés pensar en tus derechos, tus deseos".
-Hay una lectura obvia que se hace a partir del asesinato del ferroviario Mariano Ferreyra: que este caso refleja la decadencia de un modelo sindical que tiene que recurrir a la violencia para defenderse a sí mismo y a sus negocios. ¿La comparte?
- Me gusta decirlo al revés. Los negocios implican un modelo sindical. Los negocios de la concentración económica, de la privatización, de la tercerización, han creado un sindicalismo que se transformó en empresario. Esto empezó después de la dictadura con los grandes popes del sindicalismo que empezaron a asociarse a esa estructura económica que derivó en las AFJP, las aseguradoras de riesgos de trabajo, las acciones de empresas privatizadas y las empresas tercerizadas. Su poder no está en los afiliados, sino en los negocios. Y ese sindicalismo es socio de los grupos empresariales y del Gobierno que, evidentemente, subvenciona ese tipo de prácticas. La consecuencia es este grado de deterioro que trata de impedir la democracia. Por eso muchos no quieren la democracia y la libertad sindical. Por ejemplo, no hay delegados: según estadísticas del año pasado del Ministerio de Trabajo, en el 87% de los establecimientos privados no tienen delegados. La falta de libertad y democracia sindical en el lugar donde se genera la riqueza es la clave de que se aliente este modelo de sindicalismo.
-No es la primera muerte en algún enfrentamiento en los gremios, pero parece que tampoco alcanza para que el poder político decida cambiar este modelo sindical.
-La mayoría de las expresiones partidarias, gubernamentales o legislativas funcionan como gerentes de los grandes grupos económicos. El ministro de Trabajo es más el jefe de personal o el director de recursos humanos de las empresas que defensor de los trabajadores. Tomada es eso. Es igual que hablar de que la inflación no te preocupa o que un poco de inflación viene bien, como dijo Moyano: viene bien para los vivos que concentran la riqueza. Para los que vivimos de un sueldo, no viene bien. La inflación es una forma de trasladar la riqueza de un grupo a otro. Y los grandes concentradores, los que determinan los precios, son los que se llevan la ganancia. Ese proceso inflacionario beneficia a los que más tienen. Y una política económica que beneficia a los de arriba y a los de afuera, como la que está defendiendo el Gobierno, necesita una estructura sindical que se acople a esto y gerentes que, en términos políticos, la lleven adelante.
-Usted, evidentemente, no es de los que creen que este gobierno es progresista...
-Me sorprende cuando alguien lo dice: en 1997, las 200 empresas más grandes del país producían el 11,2% del PBI y 104 de ellas eran extranjeras. En 2007, esas 200 empresas produjeron el 21,6% del PBI. Es decir, casi el doble. Y las extranjeras pasaron a ser de 104 a 128. El modelo económico es un modelo de consumo para los altos ingresos y para el exterior. Es hora de que eso cambie. No puede ser que en nuestro país haya hambre, el mayor disciplinador social que existe. Por otra parte, todos son muy progresistas pero no hacen una consulta popular ni de casualidad. No preguntan nada. No abren nada. Y la sociedad que viene, de los jóvenes, de las mujeres, de los trabajadores, implica una sociedad muchísimo más democrática. Y esto no es un problema teórico.
-¿Qué quiere decir?
-Empecé a trabajar en la Secretaría de Minería en 1966 y ganaba 15.750 pesos. Con ese sueldo me pagaba los estudios, me empilchaba, me iba a comer varias veces por semana, me iba tres veces al cine, me iba de mochilero, tenía autonomía. ¿Cómo no iba a pensar en crecer en el mundo si tenía autonomía real? Hoy, el 70% de los pibes no conoce lo que es un trabajo estable hasta los 25 años. ¿Le parece que a los que están en la esquina chupando cerveza no les gustaría tener una pilcha buena y estar en un bar, jugando al billar, leyendo o estudiando? Les gustaría, pero no lo pueden hacer. Hoy, ser joven es un delito. No es nuevo: seis de cada 10 desaparecidos eran menores de 30 años, seis de cada 10 desocupados de la década del 90 eran menores de 30 años, y seis de cada 10 presos hoy son menores de 30 años.
-¿Cómo se combate la cultura de la "mano dura" indiscriminada contra los jóvenes cuando hay tanto delito juvenil?
-Con sentido común. ¿Cuál es el país más seguro del mundo? Finlandia. Después, Noruega, Suecia, Bélgica, Dinamarca, Holanda... Tome los diez primeros y descubrirá que a mayor distribución del ingreso, menos delito. ¿Por qué entonces nos ocultan esta verdad? Porque es un negocio la cárcel, la seguridad privada, la estructura del delito. ¿O los pibes son los que tienen los desarmaderos? ¿Son los que hacen las cocinas de droga? No, claro. A veces me sentía inhibido ante los periodistas porque me decían: "Basta de diagnóstico, queremos propuestas". Pero un médico importante me dijo una vez que el diagnóstico es la clave, y tiene razón: si a un tipo le duele la panza y alguien piensa que es un tumor hay que operarlo, pero si alguien piensa que es gastritis hay que darle determinada pastilla y si alguien piensa que es un dolor que no existe, mandarlo al psicólogo. El diagnóstico es la clave. ¿Por qué en vez de perder tanto tiempo en esa discusión del emergente no discutimos a fondo la causa?
-Hay algo que usted dijo en lo que quiero detenerme: "El hambre es el mayor disciplinador social que existe". ¿Por qué? ¿Cuál es el negocio de mantener la pobreza?
-El hambre no organiza sino que desestructura, te obliga a sobrevivir. No podés pensar en tus derechos y deseos cuando tenés que resolver lo más elemental. En este país, hace diez años había 13 millones de pobres. Hoy, 13 millones y medio es lo mínimo que reconoce el Gobierno, pero la mayoría dice que hay entre 16 y 18 millones. Está planificado, necesitan ese disciplinador social. ¿Por qué no hay trabajo en blanco? El negocio es bajar los costos. El costo salarial cada vez es menor en el producto final, pero te siguen apretando. No sólo te sacan más sino que te subordinan tu capacidad de creación, de ser feliz, autónomo. Por eso el hambre es un disciplinador social.
-Micheli amenazó anteayer con la posibilidad de que su sector deje la CTA para formar otra organización. ¿Ya hay ruptura?
-Se llamará a los compañeros de todo el país para debatir lo que se hará. Yasky no quiere que se resuelva la elección, pero vamos a discutir el tema en un plenario nacional y asumiremos la responsabilidad de seguir construyendo una CTA con autonomía. Yasky pasará a la historia por su relación con el Gobierno y por ser el que originó la ruptura de la CTA. El comité arbitral dijo que en las elecciones no había habido fraude. Pero ellos no quieren que se vote de nuevo.
-¿Yasky garantiza una CTA más dócil?
-Ellos entraron en esa actitud y hasta se transformaron al hablar en nombre del Gobierno delante de los trabajadores. Fue un error: hay muchos compañeros que pueden tener cualquier pensamiento partidario, pero la autonomía de la CTA es inclusive respecto del partido al que uno pertenezca y hasta del gobierno al que en algún momento podamos acceder. ¿Cuál es el drama?
-En las elecciones de la CTA hay peleas, denuncias de fraude, clima de ruptura. Ustedes encarnan un modelo distinto, pero ¿con este tipo de cosas no se acercan al de la CGT?
-En la CGT no se vota. Y cualquier compañero de la CTA puede ser visitado en su casa...
-En nuestra charla usted no fue muy duro contra Moyano, la cabeza de ese sindicalismo empresarial que tanto critica. ¿Por qué?
-Moyano es secretario general de la CGT, de la que yo me fui hace muchos años para construir otra cosa. Se pierde mucho más tiempo en destrozar personalmente que en discutir la esencia de la política. Uno no es solamente lo que dice, es fundamentalmente lo que hace. Pasa lo mismo a partir de la muerte de Néstor Kirchner: los que han hecho política solamente "anti-Kirchner" hoy quedaron colgados del pincel. La política es algo más profundo. Como el modelo sindical. El problema es cuál es la línea de fondo de esa estructura que se está quedando con los recursos naturales del país, con la vida de nuestros pibes, que mantiene el hambre... ¿Cómo puede ser que sigamos asistiendo, como si no fuera algo tremendo, a la muerte por hambre en "un país que está hecho de pan", como dice Alberto Morlachetti? [N. de la R.: es el creador de la Fundación Pelota de Trapo e impulsor de la campaña "El hambre es un crimen"]. No habrá un cambio sustancial en el país si no somos capaces de construir políticas para millones. No es cosa de tres o cuatro tipos, un grupito, una vanguardia... Esos terminan comidos por los dueños del poder. Millones significa democratizar. Y por eso hay que democratizar la vida sindical, electoral y partidaria.
-Es difícil solucionar el drama del hambre, más cuando se niega que exista. Es obvio que el mismo gobierno que niega la inflación no puede reconocer que crece la pobreza.
-Hay dos países: uno que baila un minué de acuerdos electorales y del "tomala vos, dámela a mí" al que juegan los dos movimientos populares, el peronismo y el radicalismo, convertidos hoy en una rosca que no tiene nada que ver con la Argentina real. En esa Argentina que yo camino se discute cómo llegar a fin de mes, se coincide en que es una inmoralidad que no haya pago del 82% para los jubilados, por qué razón el salario familiar no es para todos. Lo que existe en esa Argentina real es falta de poder, que es algo distinto. Tenemos falta de poder, que es la capacidad de resolver y hacer las cosas que queremos.
-¿Le preocupa Moyano como símbolo de ese sindicalismo empresarial, que crece a expensas de los afiliados de otros gremios, que tiene un poder económico importante?
-No, me preocupa la falta de libertad y de democracia sindical porque confío en que los trabajadores vamos a organizarnos como queremos. Cada uno debe tener derecho a proponerle a los compañeros lo que cree. Respeto todas las ideas, pero no puede impedirse la libertad y la democracia sindical. Ser secretario general no significa ser el jefe, sino representar al conjunto.
MANO A MANO
Conozco a la mayoría de los sindicalistas argentinos y sé que la mayoría mejoró ostensiblemente su nivel de vida en forma proporcional a la continuidad en sus lujosos sillones. Víctor De Gennaro no parece haberse enriquecido y, cosa curiosa, los ejes de su discurso no variaron con el tiempo. En un país donde el que sube suele olvidarse de los que están abajo y readapta su discurso para que no lo parezca, De Gennaro es un caso tan raro como admirable. Es un tipo sencillo, inteligente, profundo, sensible y, sobre todo, coherente. Varias de sus definiciones se las escuché hace 20 años, cuando yo era un periodista especializado en temas sindicales, pero me impactó escucharlas de nuevo y, sobre todo, cómo siguen vigentes. ¿Me estaré contagiando de la “zurda loca”, como definió el metalúrgico Juan Belén a la CTA? No creo. Sé que hay muchas cosas en las que no coincido con él, pero también sé que comparto sus apelaciones a la autonomía, a la libertad y a la democracia sindical, y a la construcción de políticas para millones, esas mismas que podrían sonar huecas en boca de cualquier otro. De Gennaro produjo en mí algo que pocos dirigentes despiertan en la ciudadanía: le creo.