jueves, 7 de febrero de 2013

Entrevista con Sergio Massa

"¿Progresista? Este es un gobierno práctico"

Suplemento Enfoques, diario La Nación, 4 de enero de 2009

No todos los días alguien del propio riñón del poder admite que la gestión estaba en plena crisis y que su llegada ayudó para evitar lo peor. "Estábamos de fracaso en fracaso, de frustración en frustración", admite ahora este joven funcionario. El mismo que ahora reconoce que no hay doble comando, sino que quien ejerce la presidencia es, en realidad, un solo hombre, con características "tan de papá como de Papa".
¿Pero Sergio Massa está hablando de política o de fútbol? ¿Del gobierno que integra o del club de sus amores? Para que no haya confusiones, se aclara: es Tigre el que estaba en crisis y la llegada de un grupo que él integraba contribuyó a salvarlo, liderado por el veterano Nito San Andrés, el presidente del flamante subcampeón del Apertura y "tan papá como Papa".
Este martes a la tarde, antes del brindis de fin de año y en una Casa Rosada casi desierta, el jefe de Gabinete también habla de política. Asegura que Néstor Kirchner no interfiere en ninguna decisión oficial ni le resta autoridad a la Presidenta, y advierte que hablar tanto del ex presidente "desdibuja la acción de gobierno".
En medio de rumores de renuncia y de supuestas peleas con Kirchner, el joven funcionario es un cruzado en su defensa de cada una de las decisiones oficiales (incluida la alianza electoral del PJ con Aldo Rico), se muestra muy cauto respecto de Guillermo Moreno y prefiere decir que este Gobierno es "práctico" antes que progresista.
Al mismo tiempo, destaca que los posibles cambios de gabinete son "atribuciones de la Presidenta", admite que comparte la postura de Graciela Ocaña de reclamar más apertura en el kirchnerismo y dice que Duhalde, uno de sus padrinos políticos, "fue importante", pero afirma: "En política todos vamos cumpliendo ciclos, etapas, y es importante asumir cuál es el rol que nos toca en la historia".
Cuando habla de política, Massa no se muestra tan cómodo ni sonriente como cuando habla de fútbol. De hecho, se mostró blindado en su encendida defensa de los Kirchner, aun cuando las versiones de estos últimos días indican que su situación en el gabinete nacional es inestable debido a un presunto enfrentamiento con Néstor.
O quizá podría pensarse que precisamente por eso el jefe de Gabinete no ofreció flancos descubiertos y, durante la entrevista, hasta cumplió religiosamente con rituales típicos del kirchnerismo, y no tan tradicionales de él, una figura mediática, como las críticas a los periodistas.
Con sólo 36 años, Massa es uno de los pocos casos en la política local que combinan una condición de cara nueva, una fama de buen administrador y una experiencia adquirida en tiempo récord: a los 27 años fue elegido diputado bonaerense por el PJ, a los 30 fue designado titular de la Anses por Eduardo Duhalde (cargo en el que fue ratificado por Néstor Kirchner un año después) y a los 35 se convirtió en intendente de Tigre con el 46,32% de los votos.
Llegó a la Jefatura de Gabinete luego de la renuncia de Alberto Fernández y como símbolo de una relación con los Kirchner que siempre había sido buena.
Sus amigos afirman que asumió su actual cargo convencido de que podría cambiar mucho de lo más controvertido del kirchnerismo. Cinco meses después, moderó su arranque de alta exposición en los medios, alternó triunfos y derrotas en el tablero del poder trazado por Néstor Kirchner y hoy suena como potencial candidato a diputado nacional en la provincia de Buenos Aires. Algo que puede interpretarse como un reconocimiento a su buena imagen en las encuestas o, sencillamente, como una forma de sacarlo del Gabinete.
-La catarata de anuncios del Gobierno incluyó desde créditos para comprar autos, que aún no se instrumentaron, hasta un plan de obras públicas que en un 80% estaba en marcha. ¿Hubo mucho marketing para dar la sensación de que hacían algo ante la crisis?
-No es que el 80% estaba en marcha, sino que el 80% formaba parte del plan de obras plurianual. No es lo mismo. Lo primero que se hizo fue anunciar el marco, el paquete completo, y después se fue desgranando cada una de las políticas vinculadas con créditos para consumo. Si uno mira hoy en los diarios la publicidad del Banco de Córdoba, por ejemplo, lo va a ver, además del anuncio de que el 5 de enero en todas las concesionarias ya estará disponible el programa de compra de vehículos. Uno toma la decisión, pone los recursos, instrumenta las políticas, y después hay un montón de actores que intervienen, desde las terminales automotrices hasta las concesionarias. Hay que articular a todos estos actores, y existe un momento lógico en el que uno le dice a la sociedad "vamos a hacer esto" y un momento en que se pone en marcha.
-¿No hubo una decisión de instalar en la opinión pública la idea de que el Gobierno está haciendo algo?
-Para nada. Si hay una crítica que le hacen al Gobierno es que no es tan mediático.
-Pero en el Gobierno le dan mucha importancia a los medios...
-No, le damos la importancia que tienen para que la gente esté informada. Tratamos de que la información fluya.
-Pero son muy frecuentes las críticas de la Presidenta a los periodistas.
-Porque hay veces en que el tratamiento sobre las noticias no es del todo justo. Uno a veces ve que vale más la especulación de un pasillo que lo que uno, como jefe de Gabinete, se toma el trabajo de informarle a un periodista.
-También influye que quizá, con la excepción de algún ministro, no todos informan. La propia Presidenta dio una sola conferencia de prensa.
-Hoy [por el martes pasado] estuvimos en la sala de periodistas de la Casa de Gobierno. Tampoco hay que dar una conferencia de prensa todos los días. Cuando el tema y el momento lo ameritan, hay que hacerlo. Pero no es necesario cumplir con esta exigencia de tener que dar conferencias de prensa todos los días para hablar de todo. Para eso estamos los ministros, los secretarios. Que cada uno informe sobre su área.
-¿La renuncia de Claudio Moroni a la AFIP fue una venganza contra Alberto Fernández, su padrino político?
-No. Primero, me considero tan amigo de Moroni como Alberto. En todo caso, alguien podría tomarlo como algo en mi contra también. Claudio es un tipo muy eficiente que seguramente en algunos meses retomará su acción en el Gobierno y que ahora, por una cuestión personal, decidió alejarse de la función pública.
-¿No es sugestivo que los últimos tres desplazamientos en el Gabinete hayan sido de gente vinculada con Alberto Fernández, como Héctor Capaccioli, Romina Picolotti y ahora Moroni?
-No, eso es tratar de buscarle todo el tiempo el costado de la especulación a cada cosa. Lo de Romina fue una decisión de gestión. Lo de Héctor fue porque estaba peleado con Graciela Ocaña... En este esquema, Ocaña también es de Alberto Fernández, como Mercedes Marcó del Pont. Pero no existe un tema de Alberto sí, Alberto no...
-Son casualidades permanentes, como decía Carlos Menem...
-No quiero ponerle adjetivaciones. Claudio Moroni tenía una situación personal que le había hecho plantear alejarse un tiempo de la función pública y había que mantener en funcionamiento a la AFIP en este momento, en que empieza la moratoria fiscal más importante de la Argentina y el programa de repatriación de capitales.
-¿Y la llegada de Ricardo Echegaray no es otra muestra de la influencia de Néstor Kirchner en el Gobierno?
-Sobre una noticia hay diez, cien especulaciones... Si es más amigo de uno o del otro, si hizo la primaria con uno o con el otro. Acá, por más que algunos traten de quitarle valor al esfuerzo y al trabajo de la Presidenta, la que toma las decisiones es ella. Y Echegaray, más allá de lo puedan decir, tiene una relación de trabajo con la Presidenta, como tenemos todos.
-¿Y cuánto influye Néstor Kirchner en el Gobierno?
-Lo que él hable en la intimidad con la Presidenta. Con los ministros no tiene diálogo ni interactúa en los temas de gestión.
-¿No llama ni hace pedidos?
-No, para nada. Y por lo que hablo con el resto de los ministros, tampoco.
-¿Es sólo una sensación lo del doble comando?
-Es la misma sensación que plantearon algunos entre 2003 y 2005, con Duhalde, cuando Kirchner estaba en el Gobierno, y lo que plantearon durante mucho tiempo con Alfonsín mientras De la Rúa estaba en el poder. Cuando hay liderazgos políticos que conviven con un gobierno siempre aparecen las dudas, las especulaciones. Es natural y es parte del cotillón de la política.
-¿Y cómo calificaría entonces el papel actual de Néstor Kirchner? ¿No interfiere en la acción de gobierno?
-Tiene un rol partidario, no de gobierno. Un rol en el peronismo como lo tiene Carrió en la Coalición Cívica o lo tienen los dirigentes del radicalismo en la UCR. En mi tarea cotidiana, no interfiere.
-Y cuando dice que Cristina le reprocha el vicepresidente que él designó, ¿no debilita la figura presidencial?
-No. En todo caso, lo que termina pasando es que a ustedes les termina generando más inquietud el rol de Kirchner que los temas centrales y terminamos hablando más de las especulaciones que de las medidas de gobierno. Si usted analiza la charla que llevamos, de los últimos diez minutos, ocho fueron dedicados a ver cuál es el rol de Kirchner y uno sobre las medidas de gobierno. Eso desdibuja la tarea del Gobierno. El prestarle poca atención a los temas de gestión y mucha atención a escudriñar si Kirchner tiene o no tiene un rol.
-¿Usted será candidato a diputado?
-Es obsceno hablar hoy de candidaturas. Es una falta de respeto a la gente. A lo mejor no hay conciencia del nivel de deterioro que tiene la economía a nivel mundial y de cuán importante es que tratemos de que el impacto sea lo menor posible en la Argentina. Brasil, por ejemplo, está tomando medidas muy proteccionistas extra Mercosur para defender su industria. España tiene niveles muy serios de caída de ocupación, niveles de freno en la industria de la construcción. En Estados Unidos, el Estado le tuvo que dar a General Motors 14.700 millones de dólares para salvar la compañía, que hoy vale menos que varias empresas argentinas en la Bolsa. Por eso me da la sensación de que hablar hoy de la elección de octubre de 2009 es burlarse de las preocupaciones que tiene la gente. La gente hoy está preocupada por el sostenimiento del nivel de empleo, del poder adquisitivo, de sus salarios. Los empresarios, por tener la posibilidad de acceder a créditos o de tener el menor nivel de mochila fiscal posible. La política no es el juego de la oca en el que uno va saltando de casillero en casillero. En términos políticos, cuando uno se sienta en un lugar, lo tiene que asumir con responsabilidad.
-Pero si le va mal al Gobierno en las próximas elecciones también le va a resultar complicado...
-El esfuerzo hoy no está puesto en las elecciones. Todavía tenemos muchas heridas que cerrar en materia social. Eso tiene que ser lo central. Eso es gobernar. Hay muchos desafíos. Tenemos que consolidar la apertura de nuestros mercados. Hay que transformar a cada embajada en un oficina de negocios de las empresas argentinas. También hay que seguir en el camino del superávit fiscal y comercial, consolidar el proceso de acumulación de reservas, pero aumentando el volumen de crédito de nuestras empresas y de la gente para darle una dinámica de continuidad al crecimiento de nuestra economía. Y apostar a la obra pública, que no sólo genera empleo sino que aumenta los volúmenes de crecimiento del PBI. Además, la construcción impacta en toda la economía. A la suma de la inversión y el crecimiento del mercado de crédito le puede sacar ventaja toda la sociedad.
-¿Usted es, como dicen algunos, parte de un ala moderada del Gobierno que se enfrenta a un ala dura?
-Me considero parte de un equipo de gobierno. Si quiere lo traslado al ejemplo de un grupo de amigos que se juntan para jugar a la pelota en un barrio. No son todos amigos, todos tienen sus opiniones, pero todos forman parte de un equipo.
-¿Qué piensa de Guillermo Moreno?
- ... Que es un secretario de Comercio Interior que hace su tarea [silencio].
-Se notó que su postura respecto del proyecto de las AFJP no fue entusiasta. O, por lo menos, que se mostró más el titular de la Anses, Amado Boudou, que usted. ¿Por qué fue así?
-No estoy de acuerdo con que no fue entusiasta. Estuve seis años al frente de la Anses y, si uno quiere que los que lo suceden ocupen el lugar que tienen que ocupar, los tiene que dejar. Era importante que Boudou tuviera la capacidad de acción, de la explicación del proyecto.
-¿Pero usted estuvo de acuerdo con la reforma jubilatoria?
-Sí, si van a los archivos van a ver que desde 2002 vengo diciendo que el sistema de las AFJP en la Argentina no tenía destino. Por muchas razones, por volumen y por densidad de aportes, porque habían cambiado tres veces el aporte del 5 al 7, del 7 al 9 y del 9 al 11, y previamente del 11 al 5, porque no habían inyectado fondos en el mercado de capitales, porque no habían influido en la economía real...
-Usted había anunciado la posibilidad de elegir entre el régimen de reparto y el de capitalización. Según el archivo, usted dijo entonces: "No vamos a cometer el error de imponer un sistema como hace 10 años".
-Claro, pero en el medio no había habido una crisis que en México, por ejemplo, se comió el 92 por ciento del aporte de los trabajadores. Vayan al archivo o revisen el archivo de la OCDE respecto de los fondos de pensión de este año y se van a dar cuenta de que este año cambiaron claramente las condiciones de fondo de acumulación de ahorro. Entonces, una cosa era hace dos o tres años, y otra distinta es hoy. Hay que tener sentido práctico en eso…
-Otra ley polémica es la del blanqueo de capitales. ¿No hay riesgo de que favorezca el lavado de dinero?
-No, porque de hecho vamos a aumentar el presupuesto de la UFI (Unidad de Investigaciones Financieras) al triple. Lo coordinamos con el ministro y la Presidenta para aumentar la capacidad de control de los fondos. En un momento en el que todo es incertidumbre a nivel mundial, que alguien decida invertir en ganado en pie, en propiedades, en un montón de cosas en la Argentina puede servir para que parte del ahorro de los argentinos que está en el exterior se vuelque de manera virtuosa en la economía.
-¿Preocupa al Gobierno la apertura de una causa por enriquecimiento ilícito que involucra a Kirchner y a funcionarios como Julio de Vido, a partir de una denuncia de Elisa Carrió?
-[Silencio] No. Me parece que hay dirigentes que se dedican a construir y hay dirigentes que se dedican a destruir...
-Pero ya está en el ámbito de la Justicia. ¿Esto los preocupa?
-Es la Justicia la que actúa. Hay tres poderes: el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial. Si opino, van a decir que estoy imponiéndole mi pensamiento y ejerciendo presión sobre el Poder Judicial. Me parece que no vale la pena ni opinar.
-El presidente de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati, dijo que el Gobierno provoca al campo y que va a ser inevitable el enfrentamiento. ¿Por qué no llaman a las entidades al diálogo?
-Las puertas de la Secretaría de Agricultura están permanentemente abiertas para charlar con cada uno de los sectores.
-¿Pero los convocaron?
-No se trata de hacer una convocatoria. Las puertas están abiertas todos los días. Cualquier dirigente de las cuatro entidades puede ir a ver al secretario, éste tiene instrucciones de la Presidenta de trabajar y de articular con todos los sectores vinculados con esa actividad económica. Porque el campo es muy importante para la Argentina desde el punto de vista económico y también desde el punto de vista filosófico, por lo que significa no sólo en términos de ingresos sino en la economía de cada uno de los pueblos del interior.
-Si es así, ¿por qué no los convocan y tratan de evitar el conflicto?
-Porque lo importante es la actividad, no los dirigentes. Las entidades representan a un sector y el Gobierno debe gobernar teniendo en cuenta a todos los sectores. No se trata de que un sector se imponga por sobre el otro. Con los recursos, que siempre son escasos, hay que tratar de tomar medidas para todos los sectores.
-¿Cómo es la situación de la ministra Graciela Ocaña? ¿Inestable?
-No, es una situación bárbara, de mucho trabajo.
-¿Está firme en su puesto?
-Sí...
-¿Peligra como ministra?
-Esa es una fantasía.
-¿Influye que haya tomado distancia de ciertas decisiones de Kirchner?
-No tomó distancia. Tuvo una expresión de deseos, en términos políticos, de que tenemos que tener por delante el desafío de abrir los brazos a todos los sectores...
-Lo hizo con una mirada crítica al destacar que el kirchnerismo era el que se había alejado de muchos sectores.
-No, leí la nota completa y, además, hablé con Graciela. Una cosa puede ser dicha de una manera e interpretada de dos. Ella lo dijo y yo lo comparto. Tenemos que abrirles los brazos a todos los sectores porque cuanto más plurales sean las expresiones del Gobierno, mayores son las posibilidades de expresar al conjunto de la sociedad argentina. Está bien que plantee eso. Es sano.
-Además de Ocaña, Alberto Fernández se diferenció del kirchnerismo actual y hay oficialistas de centroizquierda como Miguel Bonasso, Aníbal y Vilma Ibarra y Humberto Tumini que se alejan del Gobierno. ¿Qué le parece esta tendencia, de quienes critican que el kirchnerismo se haya recostado en el aparato tradicional del PJ, en la centroderecha?
-No soy el más indicado para opinar de eso porque algunos pueden pensar que de esa centroderecha soy la máxima expresión en el Gobierno.
-¿Se considera de centroderecha?
-No, no considero nada, pero en términos de filosofía no soy el más indicado para opinar de eso.
-¿Este Gobierno es progresista?
-Me parece que este Gobierno es práctico y resuelve las circunstancias que va afrontando de la mejor manera posible para incluir a todos los argentinos.
-Uno de los temas que más irritación causó en el "progresismo" kirchnerista fue el acuerdo con Aldo Rico en San Miguel. ¿Qué le parece?
-Me parece que con lo conocido que es Rico, si hubiese tenido una sola denuncia por violaciones a los derechos humanos lo hubiesen escrachado al otro día.
-Rico está asociado con el golpismo desde Semana Santa de 1987.
-La sociedad de San Miguel lo ha legitimado muchísimas veces con el voto y ha ido a elecciones y sacó porcentajes importantes en la provincia de Buenos Aires. Lo de Semana Santa tuvo otras características, y no vale la pena hacer revisionismo...
-¿Justifica el apoyo a Rico?
-No lo justifico ni lo dejo de justificar. Así como respeto a Fabiana Ríos, a la que votaron en Tierra del Fuego, y me siento y gestiono con ella, los peronistas de San Miguel lo votaron a Rico.
-¿No desdibuja a un gobierno que defiende los derechos humanos?
-El Gobierno no renunció a la política de derechos humanos.
-¿Es algo coyuntural?
-No, no es coyuntural. Rico es parte del partido del cual nosotros somos parte.
-¿Qué opina del regreso de Eduardo Duhalde?
-No voy a hablar nunca mal de Duhalde porque sería un ingrato. Me dio una oportunidad. Lo que creo es que todos en política vamos cumpliendo etapas, ciclos, y es muy importante que vayamos asumiendo en función de esas etapas y esos ciclos cuál es el rol que nos toca en la historia.
-De lo cual se infiere que tendría que aceptar que su ciclo está agotado.
-Eso lo infiere usted. El fue muy importante como gobernador, como vicepresidente, como intendente, como presidente. Y creo que la sociedad argentina lo que espera son nuevas generaciones de dirigentes políticos. Siempre la sociedad mira hacia adelante, no para atrás.
-¿Su suegro, Fernando Galmarini, está militando con Duhalde?
- [Se ríe] Pregúnteselo a él.
-Pero usted lo sabrá...
-No hablo de política con él para no pelearme. Hablamos de fútbol.
-¿Nunca le dio consejos?
-No, porque en general siempre estuvimos en lugares distintos. Tratamos de que no se mezcle la política en la familia.
-¿Usted militó en la Ucedé?
-De muy chiquitito. Tenía quince años. Mi hermana, que tiene tres años más que yo, me llevó a un acto y quedé enganchado con un grupo de chicos jóvenes.
-¿Qué lo atrajo?
-Era un grupo de chicos jóvenes que estaba intentando hacer política. Estuve hasta los 18 o 19 años. Luego ya empezamos a trabajar con Graciela Camaño, cuando decidió ser candidata a intendente en San Martín, en 1995. Le ahorro la siguiente pregunta [se ríe].
-Interiormente, ¿cómo se vive el pase del liberalismo al peronismo?
-En lo ideológico, en ese momento era todo muy confuso. Era 1992, 1993. Lo que pasó en el mundo fue que, más que cuestiones ideológicas generales, comenzó a haber cuestiones ideológicas por tema. Nadie discute hoy que hay que administrar con superávit fiscal, y hace 10 años era una cuestión de ideología. Nadie discute hoy que en la Argentina nunca tiene que haber violaciones de los derechos humanos. Estamos en una etapa en la que se van definiendo políticas de Estado para la Argentina y valores para la sociedad.
-Me olvidaba una pregunta fundamental: ¿habrá cambios de Gabinete?
-No sé [pone gesto de que no sabe nada y hace una larga pausa]... El Poder Ejecutivo, en la Argentina, es unipersonal y los cambios son atribuciones de la Presidenta. El jefe de Gabinete es una rueda de auxilio.
-Podemos titular que Massa no descarta cambios en el Gabinete...
-[Se ríe, mientras le habla a su vocero] ¿Viste cómo son los periodistas?
-Una más: ¿no va más a jugar los clásicos partidos de fútbol en Olivos con Kirchner y otros funcionarios?
-De vez en cuando.
-¿Lo llaman menos?
-Ese es otro mito que han instalado. El mito de que no me invitan [se ríe]. Hoy soy el jefe de Gabinete y tengo que estar encima de los temas.
-Y ahora está en el equipo de Cristina Kirchner...
-Exactamente. Soy del equipo de Cristina.

MANO A MANO

Es el más alto funcionario del Gobierno que le ha dado una entrevista a LA NACION en muchísimos meses. Quizá por eso se entiende que Sergio Massa, joven en el almanaque pero veterano en poner la cara ante los medios, haya tenido tanto cuidado en cada palabra que dijo. Se notaba que no quería equivocarse ni herir susceptibilidades.
Daba la sensación de estar entablando batallas internas de las que, por ahora, sale empatado. Pero su discurso, compacto en la defensa de medidas y de actitudes oficiales, dejó entrever que quería dar algunas señales de alineación con quien no gobierna pero al que todos temen en la Casa Rosada y las adyacencias del poder: Néstor Kirchner. Massa, conocido como una máquina de gestionar, afronta el desafío que marcará su carrera: acostumbrado a poner su sello personal, tanto en la Anses como en la intendencia de Tigre, es un jefe de Gabinete sin la influencia de Alberto Fernández, con muchísimo menos margen de acción y en el peor momento político de la pareja gobernante. En su despacho, contrariamente a lo que uno podría imaginarse, no hay ninguna fotografía de Néstor ni de Cristina Kirchner. Sí están las de sus hijos y su esposa. Y dos cuadros que le prestó el uruguayo Carlos Páez Vilaró cuando asumió en Tigre. Massa recorrió un largo camino político en muy poco tiempo, apoyado, sobre todo, en una gestión eficiente. Y, tal como se intuye, quiere seguir al lado de los Kirchner. La duda es, acaso, qué es lo que pretenden de él los propios Kirchner.

Entrevista con Chiche Duhalde

"El peronismo no cuidó la razón de ser de su existencia"

Suplemento Enfoques, diario La Nación, 16 de mayo de 2010

Esta nota puede causar conflictos matrimoniales. Este cronista espera que no sea así, pero nadie puede saber cómo reaccionará Eduardo Duhalde cuando, quizá con el pijama puesto y en pantuflas, lea el diario esta mañana y se le atragante la medialuna cuando se entere que su esposa, Hilda González de Duhalde, más conocida como Chiche, brindó algunas inoportunas revelaciones políticas en la entrevista que concedió a Enfoques.
A saber: 1) Anticipó la posibilidad de que su marido sea candidato presidencial en 2011 por fuera del PJ "si no se dan las condiciones de que la elección interna pueda ser transparente". 2) Descartó su postulación a gobernadora bonaerense o a cualquier cargo electivo. "No voy a ser candidata a nada", advirtió. 3) Hizo una dura autocrítica del papel del peronismo, que inclusive abarca la gestión gubernamental de su esposo: "De los 27 años de democracia, hemos gobernado 18. El peronismo, que tiene todas las condiciones para gobernar, no cuidó sus banderas, no cuidó la razón de ser de su existencia, sino que la abandonó. Hemos perdido la base de sustentación", destacó Chiche.
No fue lo único, claro está. La senadora del Bloque Justicialista Para El Diálogo De Los Argentinos, unipersonal, también admitió que su marido no cumplió la palabra que había dado de no volver a ser candidato porque, entre otros motivos, "siente la responsabilidad" de sacar del poder al mismo Néstor Kirchner que él ayudó a llegar a la Casa Rosada en 2003.
Aunque pensándolo mejor, es difícil que esta nota cause problemas en la familia Duhalde. Eduardo y Chiche han demostrado que son leales entre sí y fueron complementarios a lo largo de toda su carrera. Forman una sociedad política sólidamente constituida. El conduce, ella acompaña. Lo que dicen en público suele estar en sintonía con lo estipulado en la intimidad, algo que, de todas formas, no le quita autonomía a Chiche.
Su completo sitio de Internet ( www.chicheduhalde.com.ar ) afirma que ella nació en Lomas de Zamora el 14 de octubre de 1946, que está casada desde 1971 con Eduardo Alberto Duhalde, que es madre de cinco hijos y abuela de siete niños.
Es maestra y desarrolló la tarea de docente durante más de diez años en la Escuela Normal Nacional de Alejandro Korn. Fue diputada nacional por la provincia de Buenos Aires entre 1997 y 2001 y luego entre 2003 y 2007. Es senadora nacional por el mismo distrito desde 2005.
Cuando su marido fue intendente de Lomas de Zamora realizó tareas de acción social ad honorem. Y cuando Eduardo Duhalde fue gobernador y años más tarde primer mandatario, se desempeñó como presidenta honoraria del Consejo Provincial de la Familia y Desarrollo Humano y del Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales, respectivamente, desde donde se convirtió en la mujer que centralizó los programas sociales de los gobiernos de su marido.
-Usted no quiere hablar por su marido, pero es inevitable: ¿por qué no cumplió su promesa de no volver a ser candidato?
-Bueno, yo también estaba convencida de que no iba a ser candidato, sé que no quería serlo, pero también sé que con el correr del tiempo él fue observando que los años, el trabajo y el conocimiento le han aportado una experiencia que hoy es necesaria para reconstruir esta Argentina. El siente que tiene que volver para, de alguna manera, terminar con el kirchnerismo, para desalojar a Kirchner de la provincia de Buenos Aires y para tratar de llegar a acuerdos en cinco o seis políticas de Estado de modo tal que cualquiera que gane las lleve adelante y el partido opositor acompañe sin poner piedras en el camino. Así que se ha sentido de alguna manera exigido por él mismo, por sus sentimientos, por su amor al país.
-¿Por qué no surgen más presidenciables en el peronismo? ¿Le tienen miedo a Kirchner?
-Faltan dirigentes de peso. Y la propia manera de conducirse del kirchnerismo, que produce este miedo imperante en un gran sector de la dirigencia: algunos están callados, pero porque tienen miedo de perder los recursos que en forma de dádiva entrega el gobierno nacional. Aunque lentamente se van liberando. Creo que hay que ayudar a que la dirigencia se libere y entienda que tiene que defender sus convicciones.
-¿No es un fracaso de la renovación política que Kirchner y Duhalde, que tienen responsabilidad de gobierno desde hace muchos años, sean candidatos en 2011?
-Son absolutamente diferentes. Uno pudo demostrar en un año y medio que llevaba adelante una tarea titánica que logró pacificar al país, salir de un modelo que estaba agotado, sostener las instituciones. Y el otro no supo aprovechar ese crecimiento que deja sembrado Duhalde y, además, hace la más vieja de las políticas. Si uno considera los años del presidente de Uruguay puede pensar que es la vieja política, pero es un hombre que, a pesar de todo lo que ha sufrido, viene sin revanchismo, con ganas de lograr la unidad y plantea un Uruguay para treinta años. A nosotros nos falta eso, un proyecto nacional, que alguien proponga políticas para veinte, treinta años, gane quien gane. Mientras los países que nos rodean crecen, el nuestro va para atrás. Y eso tiene que ver con este kirchnerismo oportunista, al que no le importa la gestión, que tiene un grado de corrupción elevadísimo y que está haciendo daño a todas las instituciones.
-La sensación que da su marido es: "Yo lo traje a Kirchner y yo lo tengo que sacar".
-El siente una enorme responsabilidad. Si bien en aquel momento fueron cayendo opciones a las que apostábamos con mucha fuerza y terminó siendo Kirchner porque tenía actitud, después él logró un 70 u 80% de imagen positiva. Ganó claramente la elección de 2005 y la de 2007. Quiere decir que la sociedad lo acompañó. A veces le digo a Duhalde: "¿Hasta dónde la responsabilidad? ¿Creímos en ese proyecto?" Sí, creímos. Bueno, el primer defraudado, o uno de los defraudados, fue Eduardo Alberto Duhalde y siente la responsabilidad de volver a la política activa justamente porque siente esa responsabilidad.
-¿Su marido se presentará por fuera o por dentro del PJ ¿Irá a elecciones internas?
-Si se dan las condiciones de que la junta electoral esté compuesta por hombres honestos, probos, de que pueda ser una elección transparente, va a ir por adentro. Si no se dan las condiciones, irá por afuera. Tenemos muchas dudas.
-Usted dijo que se sentía preparada para ser gobernadora bonaerense. ¿Será candidata en las elecciones de 2011?
-Noooo... No voy a ser candidata a nada No puedo ser candidata y mi marido ser candidato a presidente. Si la sociedad aceptara eso, estaríamos en el horno. Es una sociedad que aceptó las candidaturas testimoniales, algo que no se puede creer. Si llegara a aceptar que un hombre puede ser candidato a presidente y su esposa gobernadora de la provincia más grande del país, tendríamos que plantearnos qué sociedad tenemos.
-Esta última semana sorprendió el encuentro del senador independiente Samuel Cabanchik con el jefe de Gabinete. ¿Es difícil ser opositor cuando hay tantos que se vuelven oficialistas? ¿Cómo se lucha contra eso?
-Es muy difícil porque cuando la corrupción se instala, se instala. Hay mucha corrupción y hay mucha gente que es más débil, que no tiene convicciones profundas. Yo no tengo nada que decir del senador Cabanchik. ¿Qué hubiera hecho en su lugar? Le hubiera dicho al interbloque al que pertenezco que me acompañara al encuentro.
-¿Y el caso del senador Carlos Verna, que canjeó su apoyo al proyecto que habilita al Poder Ejecutivo a usar reservas del Banco Central por $600 millones para su provincia?
-La primera vez que tuve la posibilidad de conversar con él, Verna me dijo claramente: "No soy oficialista, pero tampoco soy opositor. Yo voy a votar aquellas cosas que le convengan a mi provincia". En realidad, lo que debemos hacer los senadores, porque representamos a los gobiernos provinciales, es defender los intereses de la provincia. Como lo explicó en el recinto, lo único que él habilitó fue un encuentro entre la Presidenta y el gobernador de La Pampa, donde le enviaban el dinero que necesitaba.
-¿Y el caso de Carlos Menem? ¿Cómo explica sus votos que favorecen al Gobierno?
-No tiene explicación.
-¿Cree que llegó a un pacto con los Kirchner para salvarlo de las causas judiciales?
-No soy una mujer a la que le gusta dar por hecho cosas que uno supone.
-Usted pertenece al PJ de la provincia de Buenos Aires, una provincia siempre en crisis y a la que gobierna desde hace décadas el peronismo. ¿Por qué debería la gente pensar que ustedes representan una solución?
-Nuestra provincia no es gobernable si no tiene un buen gobierno nacional que le dé lo que le corresponde y que tenga una buena administración. Con los pocos recursos que tiene y lo endeudada que está, es muy difícil, sea del signo político que sea. Pero hemos tenido a nivel nacional una enorme responsabilidad política. Cuando yo trato de explicar el peronismo a los chicos jóvenes, tengo que retrotraerme a muchos años atrás porque, si no, tengo que hablar de la etapa neoliberal de Menem o de este modelo kirchnerista. De los 27 años de democracia, hemos gobernado 18.
-¿Está haciendo una autocrítica?
-Por supuesto. El peronismo, que tiene todas las condiciones para gobernar, no cuidó sus banderas, no cuidó la razón de ser de su existencia, sino que la abandonó. Hemos perdido la base de sustentación. Es lo que uno intenta explicar a los jóvenes: que hay otra forma, que el peronismo dejó, el 1° de marzo de 1974, un proyecto nacional que si uno lo lee hoy es absolutamente aplicable.
-¿La incorporación de más mujeres a la política la ha mejorado? ¿Qué le aportó?
-No creo que haya tanta participación. Se respeta el cupo, pero en muchos casos con mujeres que son dependientes "de", vienen de la mano de alguien y se van de la mano de alguien. No veo todavía a las mujeres, con algunas excepciones, con esa libertad de criterio para votar a conciencia. A la mujer le falta deseo de alcanzar el poder.
-¿Por qué no lo tiene?
-Porque no es innato. En el hombre es innato. La mujer acompaña, es la que ayuda. Puede tener más capacidad, pero no tiene esa vocación que tiene el hombre de construir poder.
-¿Qué le aporta lo femenino a la política?
-Le puede aportar. Científicamente está comprobado que tenemos más capacidades que los hombres. A la mujer le funcionan los dos hemisferios a la vez y al hombre uno, el de la razón. Por eso las mujeres podemos hacer muchas cosas a la vez, no nos olvidamos de nuestra casa, de nuestros hijos, de nuestros maridos. Tiene que ver con el origen del hombre en la Tierra: el hombre salió a cazar, era el que tenía que proveer el alimento. Por eso el hombre, en cualquier actividad, tiene el objetivo claro. No le pidan otra cosa. ¿Qué le puede aportar la mujer a la política? Una mirada más humana, si se libera del hombre y es ella misma. Entre la cabeza y el corazón hay nada más que 20 centímetros. No nos podemos manejar solamente con la cabeza. A la política hay que ponerle corazón. La mujer lo puede hacer, pero tiene que liberarse de ataduras.
-Hoy parece abundar un modelo más masculino en la forma de ejercer el poder.
-Claro, para llegar al poder muchas mujeres se masculinizan. Es el caso de Cristina Kirchner, que puede ponerse las extensiones, pintarse, ponerse bótox, tener las mejores ropas, pero se masculiniza en la forma de ejercer el poder. Eso es lo que hay que vencer porque eso era propio de la década del 40, del 50. Hoy, el poder pasa por el diálogo, por los acuerdos, que son casi condiciones naturales de la mujer.
-¿Qué diferencia podemos encontrar entre la sociedad matrimonial y política como la de Néstor y Cristina y la suya con su marido?
-Muchas. Kirchner y él son dos personas diferentes. Mi marido es un hombre pacífico. Yo tengo claro cuál es mi lugar. Puedo tener, o creer que tengo, condiciones para desempeñar algunos cargos, pero tengo claro que tengo que acompañar su proyecto. En esa situación me ubico y me relego a un segundo plano, pero lo hago convencida. Mi rol es ése y es el mejor ejemplo que le puedo dar a mi familia. Hay diferencias sustanciales. Por otro lado, me parece que mi matrimonio es.... un matrimonio de verdad.
-¿Y el de los Kirchner no?
-Saque sus conclusiones.
MANO A MANO
¿Qué le aporta Chiche Duhalde a su marido? "Sentido común", dice ella que le reconoce él. Me dio la misma sensación. Que sabe el lugar que ocupa y que ese lugar no es el mismo que el del marido. Pero no tiene pinta de ser una mujer sumisa. Todo lo contrario. Acostumbrado al cassette del político argentino promedio, muchas de las respuestas me sorprendieron. No escuché muchas veces (ninguna, creo) el más mínimo atisbo de autocrítica de boca de los dirigentes peronistas. Y Chiche lo hizo. "De los 27 años de democracia, hemos gobernado 18", fue la frase más demoledora posible en materia de reconocimientos de fracasos políticos. Chiche tiene una faceta simpática y cálida (aunque sin excesos en esos rubros) y muy profesional en su manejo ante las cámaras y los tiempos ante el micrófono. En muchas de sus respuestas, como me imaginaba, sobrevoló una inquina visceral a los Kirchner, pero nunca imaginé esa enigmática respuesta sobre la que no quiso agregar más: "Mi matrimonio es un matrimonio de verdad". Uno de sus hobbies en su tiempo libre es pintar. Cuándo le pregunté en qué estilo, no me sorprendió su respuesta: "Realismo puro". 

Entrevista con Jaime Durán Barba

"Los líderes políticos creen que la gente es idiota"

Suplemento Enfoques, diario La Nación, 6 de febrero de 2011

Cristina Kirchner es una buena dirigente en sí misma, que hace las cosas bien desde su ideología". ¿Quién elogió a la Presidenta en estos términos? El mismo que acuñó esta otra definición: "Néstor Kirchner fue uno de esos políticos de casta, que nacen con vocación de poder y que tuvo la inteligencia y la habilidad política para convertirse en uno de los presidentes más poderosos de la Argentina en toda su historia".
Si pensó que los elogios provinieron de algún habitante del planeta K, está muy equivocado. El responsable es Jaime Durán Barba, el principal asesor de Mauricio Macri, en el transcurso de una entrevista con Enfoques. Cualquiera podría imaginar qué haría la presidenta Kirchner si tuviera un asesor que públicamente elogiara a un enemigo político. Pero, ¿qué hará el jefe de Gobierno porteño cuando se entere de que Durán Barba elogió a sus máximos adversarios?
Seguramente esas palabras causarán algo más que urticaria en la poco curtida piel del macrismo, pero no cambiarán en nada el pensamiento y la estrategia de este consultor político, de origen ecuatoriano, que siempre parece decir lo que piensa, aunque no sea políticamente correcto, y que está acostumbrado a mil y una campañas en toda América latina y, sobre todo, a los zigzagueos de la clase dirigente del continente.
Una clase dirigente a la que suele analizar sin piedad, hasta el punto de considerar que "los líderes políticos creen que la gente es idiota", pero a la que también le dedica esfuerzos para mejorarla, como demostró con El arte de ganar. Cómo usar el ataque en campañas electorales exitosas , su último libro, escrito en colaboración con Santiago Nieto, que es una suerte de manual de autoayuda para los políticos modernos, con consejos prácticos sobre cómo "atacar" a los rivales. El mismo índice del libro da las verdaderas pautas de su contenido (y, quizá, de cuánta plata se ahorrarían muchos políticos si lo leyeran y echaran a sus asesores): por ejemplo, "Denunciar no es hacer campaña sucia", "El conflicto político permanente afecta", "Averigüe si existen disidentes que pueden dar información", "No ataque constantemente", "Invoque a los sentimientos, no a la razón" o, acaso el más novedoso e impracticable, "Debe decir la verdad".
La consultoría política deja buenos dividendos: Durán Barba abandonó el apart hotel en el que se alojaba hace dos años y hoy alquila un piso en Alvear y Parera, la zona más cara de Buenos Aires. Pero él afirma que tiene que estar cómodo porque pasa en Buenos Aires al menos una semana de cada mes y, según confiesa, habla con casi todos los políticos argentinos.
El discurso duranbarbista es una seductora mezcla de pensamientos profundos, eslóganes multiuso y demagógicas sentencias que le calzan a la perfección a esta época en la que están en crisis las ideologías y casi todas las certezas. Así llegó a las filas macristas y fue una de las claves del triunfo en las elecciones porteñas de 2007, pero también una pieza decisiva del costoso tablero que montó Francisco de Narváez para imponerse en 2009 al por entonces imbatible Néstor Kirchner en la provincia de Buenos Aires.
Durán Barba proviene de una familia rica de Ecuador, se hizo anarquista, viajó a Buenos Aires en los años 70 para estudiar y simpatizaba con la izquierda peronista y con el socialismo. Antes de Macri asesoró al mexicano Felipe Calderón, a la paraguaya Blanca Olevar y a sus compatriotas Alvaro Noboa y Jaime Nebot, entre otros. Además le gusta destacar que tiene sus códigos: jamás trabajaría para quienes hayan tenido que ver con una dictadura o estén en contra de las mujeres.
-Macri ya decidió que será candidato presidencial. ¿Se pensó en la posibilidad de que tuviera una doble candidatura, nuevamente a jefe de gobierno y a Presidente?
-En ambas candidaturas jamás se pensó. Es un disparate. Macri criticó muy fuertemente las candidaturas testimoniales porque no parecía ético que alguien se postulara para un cargo sabiendo que no lo va a ejercer. Y en la alternativa presidencial venimos trabajando desde hace seis años. Es la mejor alternativa.
-Es la mejor siempre que puedan aliarse al peronismo federal. Parece que no le alcanza a Macri solo para ganar las elecciones.
-El peronismo es una especie de religión como el guadalupanismo en México: no sé sí son muy católicos, son más guadalupanos que otra cosa, pero guadalupanos son la mayoría, entonces algunos guadalupanos tienen que votar al PRI para que gane. El peronismo es un fenómeno extendido. De ahí a que sea indispensable pactar con uno u otro sector del peronismo hay otro tema.
-Usted siempre fue partidario de no asociarse con la "vieja política". En los escenarios que se manejan ahora con Macri, ¿está la posibilidad de hacer una alianza electoral con el peronismo federal o de ir solos y en un ballottage buscar el apoyo peronista?
-Macri tiene que ser candidato de Pro. No puede ser del peronismo federal ni por asomo...
-¿Lo piensa usted o ya está decidido?
-En general, estamos convencidos. Hay personas que piensan de otra manera. La idea de que Macri participe en la interna del peronismo federal es una chifladura. Si somos lo nuevo, ir a una interna así es matar el mensaje, la propuesta y todo. Ahora, si Macri es candidato y lo apoyan peronistas y algunos radicales, perfecto...
-Macri le ofreció la candidatura a gobernador de Santa Fe al actor cómico Miguel del Sel, de los Midachi. Dady Brieva, su propio compañero, dijo que no estaba preparado para ese cargo. ¿Está de acuerdo con estas candidaturas de gente no preparada para la política, para la función pública?
-Son dos conceptos. Si no están preparados para la política, es una gran cosa. Si no están preparados para la función pública, no. Que gente de afuera de los rituales de la política se incorpore es bueno: la mayor parte de la población quiere una renovación. En un tema distinto, si la Iglesia católica incorporase a gente nueva, más alegre, que se case, que tenga hijos, se renovaría. Pero se siguen repitiendo formas muy antiguas y la gente se va enfriando. En la política se necesita gente nueva. No conozco a Del Sel. Si Macri lo ha propuesto, debe de tener alguna virtud.
-En su nuevo libro usted habla del "ataque" en las campañas y lo primero que uno imagina es que alienta la agresividad, algo muy común en la política argentina.
-El libro, justamente, lo que hace es prevenir sobre las inconveniencias del ataque. En la consultoría política norteamericana hubo dos grandes corrientes. Yo me eduqué con la de [Joseph] Napolitan y nosotros evitamos atacar. Nunca hacemos campañas sucias. Siempre creemos que el ataque rebota. Entonces, para atacar tomamos precauciones. Y para defendernos también. Es otra visión de la política: la idea es que sea vista desde los ojos de la gente, no de los políticos.
-¿Atacar no es agredir?
-No es agredir ni atacar de cualquier manera. La política es enfrentamiento, pero si es enfrentamiento desde los intereses de la gente tiene sentido. Si lo es porque le quiero decir al otro "corrupto, tonto, malo" termina rebotando, hace daño a la democracia, hace daño al país.
-¿Qué ejemplo me puede dar de esto?
-Una de las experiencias más claras en la Argentina fue la de De Narváez. Lo que hizo fue eso, utilizar el ataque de Kirchner para ganar las elecciones. Posicionarse como la alternativa a Kirchner sin insultarlo. En el caso de Macri es lo mismo: tanto ataque contra él lo que ha hecho es que mucha gente piense que sólo hay dos compitiendo, Cristina y Mauricio. Los latinoamericanos actuales no están para matarse por ideologías ni por liderazgos carismáticos, como pasaba antes. Eso se acabó: la gente quiere vivir bien y defiende más sus intereses que los intereses políticos. Y si quiere conseguir votos, el político tiene que dejar su ego de lado y pensar más en qué necesita la gente común.
-¿Cómo juegan en esto las ideologías?
-Veamos el tema desde la gente. Hemos encuestado reiteradamente en la Argentina: "¿Usted prefiere que el próximo presidente sea de izquierda, de derecha o no le interesa el tema?" Normalmente, en la Argentina hay un 9/10 por ciento que quiere un gobierno de izquierda, un 6/8 por ciento que quiere que sea de derecha y un 80 por ciento que dice que le importa un rábano el tema. Desde el punto de vista de los líderes que tanto hablan de las ideologías, también ha perdido mucho sentido, sobre todo a partir de la caída del Muro de Berlín. Si alguien me dice que el coronel Chávez es un símbolo del resurgimiento de las ideologías habría que destacar que se trata de un militar golpista, autoritario, partidario del gobierno más reaccionario de la Tierra, el de Irán, un gobierno de obispos ultraconservadores que persiguen a las mujeres, a homosexuales y a todo lo que sea racional. Si eso es de izquierda, Marx se suicidaría en la tumba. (Risas.)
-Bueno, dicen que el socialismo del siglo XXI...
-Sí, pero debería ser más de avanzada, no una regresión a una teocracia. Es la demostración más clara de que las ideologías perdieron todo sentido. En la misma Argentina, cuando hemos preguntado en distintas encuestas: "¿Usted quiere que el próximo presidente sea peronista, antiperonista o no le interesa, los que quieren que sea peronista son alrededor de un 20/21%, que sea antiperonista un 10%, y al 70% no le interesa la pelea peronismo-antiperonismo. No está en peso. Muchos me dirán que la mayoría de los gobernadores son peronistas, pero obedecen a lógicas muy regionales, propias de cada provincia. Pero la ideología peronista, si en algún momento la hubo, es bastante heretogénea.
-Más allá del esfuerzo de Macri por no quedar catalogado como de derecha, en mucho no lo ayudaron esas declaraciones que hizo cuando se ocuparon los terrenos en Villa Soldati, en las que le echaba la culpa de lo sucedido a la inmigración.
-No creo que sea así. Esa frase sobre la inmigración es una equivocación, una cosa sacada de contexto. Macri no es xenófobo de ninguna manera. Si alguna prueba importante existe sobre eso soy yo mismo. No hay ningún sudamericano que tenga una posición tan importante en un partido argentino como la que yo tengo en Pro.
-Eso lo dijo incluso el mismo Macri, pero me sonó como a esos antisemitas que aseguran que no lo son porque tienen un amigo judío. En este caso, "no soy xenófobo porque tengo un asesor ecuatoriano..."
-No, ha sido su actitud desde siempre. Soy una persona muy sensible en algunos temas. No creo en las ideologías, pero hay dos o tres cosas clave: jamás asesoramos a alguien que haya tenido que ver con una dictadura ni a quienes están en contra de las mujeres. Son de las pocas convicciones puras que me quedaron. Jamás asesoré a un xenófobo. Si hubiese percibido que Macri lo era, me habría ido. Fue una frase desafortunada con la que lo hicieron patinar.
-¿Los políticos argentinos saben usar las nuevas tecnologías? Para algunos, que suelen admirar la campaña de Obama, sólo es cuestión de tener una cuenta en Facebook y de twittear de vez en cuando.
-Normalmente, no saben usarlas. Y es muy frecuente aquí y en otros países que cuando tienen una página en Facebook sea mentira: lo maneja una secretaria. Es una estafa. Y la gente lo percibe, lo huele. Un punto central de mi nuevo libro es llamar la atención sobre este hecho: la gente no es idiota. Los líderes creen que sí, aunque dicen que no. Uno se mete en una página y se da cuenta cuando un mensaje no es cierto.
-Néstor Kirchner iba a ser candidato, pero con una alta probabilidad de perder las elecciones. Ahora, su viuda comenzó a mejorar en las encuestas. ¿Tanto lo complicó a Macri la muerte del ex presidente?
-Cambió el escenario. Macri era el candidato anti-K, anti-Néstor, y le pasó lo mismo que a los partidos anticomunistas cuando se derrumbó el Muro de Berlín. La imagen de Kirchner era demasiado poderosa. Qué curioso: es el presidente argentino que llegó más débil a la Casa Rosada. De esa modesta condición de la que partió, él tuvo la inteligencia y la habilidad política para convertirse en uno de los presidentes más poderosos que tuvo la Argentina en su historia. Muerto Kirchner, saltaron las brújulas.
-¿Cristina es de la misma estirpe?
-Sí, ella no se parece a Isabel Martínez en nada. Ella fue presidente porque era la esposa de Perón, pero no tenía una vocación política. Cristina Kirchner ha hecho carrera política, es una mujer con méritos propios. Siempre tengo simpatía por las mujeres dirigentes. En las mujeres viene la renovación de la política. Y el de Cristina es un ejemplo importante de una mujer que es una buena dirigente por sí misma, que hace las cosas bien desde su ideología.
-Hay casos de mujeres que se masculinizan para ejercer el poder, pero ¿los hombres deben parecerse en algo a las mujeres para ejercer un liderazgo moderno?
-Sin duda. En el caso de las mujeres, es una etapa que desventuradamente atraviesan las dirigentes porque tuvieron que abrirse campo en una política dominadas por machos alfa. Pero los machos alfa perdieron campo en todo...
-En la Argentina nos sigue gustando un líder fuerte, al filo del autoritarismo.
-Los grandes cambios de la política, a los que las personas de mentalidad tradicional no quieren abrirse, se originan en los años 80. Tenemos 30 años de este cambio. Recién está empezando. Obviamente, hace 50 años todo el mundo quería tipos furibundos en la política y así era la política. Como lo quería también en la casa. Hay un libro interesantísimo, El eros electrónico , de Román Gubern, que decía que hace muchos años el padre de familia tenía que ser enorme, furioso y agresivo para defender el territorio de su hembra y de sus crías. Eso cambió porque, como los hombres compartimos con la mujeres la cría de los niños, no podemos asustar a los chicos como hombres horribles y gruñones que los muerdan. Debemos tener también aspectos metrosexuales, afectivos con los niños. El estereotipo de macho furibundo, inteligente, que habla de cosas importantes mientras las mujeres son ignorantes, bonitas y están escondidas se acabó. Vamos a una sociedad en la cual hay elementos de la femineidad que tenemos que adoptar los hombres para tener éxito en la vida y en la política.
-¿Por eso Macri se sacó el bigote? (Risas.)
-Macri es una persona muy espontánea, hace las cosas como se le ocurren.
-¿Le gusta que cante y que desafine?
-Perfecto. Me gustan, en general, los seres humanos que se muestran como humanos. Y los dirigentes políticos son humanos.
MANO A MANO
"Dime cómo es tu asesor y te diré quién eres". No sé si esto podría aplicarse a Mauricio Macri, pero imagino que sí. Jaime Durán Barba no cree en las ideologías, pero sí en la opinión de la gente como una nueva religión. Es algo transgresor, sin llegar a ser revolucionario. Vive en un barrio de ricos. No se me ocurren muchas más analogías porque el asesor macrista rompió con su familia adinerada para militar en el anarquismo y simpatizar luego con el socialismo. Y tiene una amplia formación intelectual (estudió derecho, filosofía, sociología e historia). Lo entrevisté en 2009, antes de las elecciones, pero ahora me pareció más cómodo, más libre, más adaptado a la fauna política local. Le encanta hablar, enlazar pensamientos y no es nada pedante. Sorprende que hable con tanta seguridad de lo que piensa Macri, pero debe de verlo muchas más veces al año que el más íntimo dirigente de Pro. Por algo muchos lo conocen como "el gurú" de Macri y por eso algunos lo miran de reojo. Lo que lo mantiene intacto es que en su currículum hay campañas victoriosas. Y que el kirchnerismo parece no haber leído un capítulo de su libro: "En la democracia queremos ganar las elecciones, no exterminar adversarios".